LADRONES, BRIBONES Y SUS SANTOS COJONES

Hace ya casi siete años que el señor Juan Carlos de Borbón abdicó; la segunda abdicación en la historia de la monarquía española. No fue por motivos de salud, sino para no dificultarle a su hijo el acceso al trono, como mostraba satíricamente la revista El jueves en una brillante publicación donde el padre le entregaba al hijo una corona llena de mierda. Publicación brillante y polémica. Al instante se puso a trabajar la censura. Creo que fue la primera vez que se puso claramente de manifiesto que vivimos en una mierda de país -no sólo es la corona la que está llena de excrementos-, cuando las autoridades decretaron el secuestro de todos los ejemplares de dicha revista. La dictadura se quitó por una vez la careta.

Todo empezó con aquel famoso viaje a Botswana, adonde acudió el campechano con el dinero de todos los españoles y con sus santos cojones. De nada nos habríamos enterado de no haber sido por su lesión y la hospitalización pertinente. Aquello generó gran revuelo; la monarquía había robado a los españoles para irse de safari a cazar elefantes. No le quedó más remedio a Juan Carlos que grabar un vídeo patético donde pronunciaba tres frases breves disculpándose, pero nada de abdicar ni de renunciar a su sueldo. Y los más mierda, sus perros fieles, se volcaron en apoyarle; se dijo que era intolerable que un rey tuviera que pedir perdón ni dar explicaciones de nada; él tenía derecho a todo. Y unos inmensos y santos cojones.

Ya sin más remedio que abdicar para que su niño no recibiera más mierda, conservó el título de emérito y su sueldo y tuvo las manos más libres para hacer cuanto le sugirieran sus partes bajas. Fue así cómo recibió cien millones de Arabia por la adjudicación del ave a La Meca, de los cuales obsequió con sesenta y cinco a su ex amante Corinna Larsen, la aristócrata alemana, por sus santos cojones.

Lo ideal, por supuesto, habría sido que nadie se enterara; del mismo modo que nadie debía haberse enterado de lo de Botswana. Pero salió a la luz. Como salió a la luz que había evadido dinero a paraísos fiscales. Dicha noticia se supo cuando el campechano había huido para instalarse cómodamente en un hotel de lujo de Arabia, donde se hallaba a resguardo de las críticas y donde no perjudicaría a su hijo. Y, una vez salió a la luz su fraude, comunicó alegremente que quería regularizar su situación. Cualquier ciudadano de a pie va a la cárcel por mucho menos. Por sus santos cojones.

Estos últimos acontecimientos sucedieron hace apenas un mes, durante la época navideña, cuando la ciudadanía estaba en un ambiente festivo, más necesario que nunca, después del año que hemos tenido. Pero, precisamente por ese año, por esa pandemia, se encontraría el chivo expiatorio de las penas del campechano. Si había sido inevitable mencionar sus delitos, había que taparlos pronto. Y para eso estaban las fiestas, la pandemia y las restricciones; y, por supuesto, llegado el año nuevo, las condenas a todos los que hubieran organizado macrofiestas. Multas desorbitadas para todos aquéllos que hubieran incumplido la norma, puesto que ponían en riesgo la salud de sus compatriotas. Por eso y porque eran unos pobres desgraciados que que no habían evadido ni cien miserables millones de euros. Pero bueno… Eso pasa en este país. Un país de Borbones, de bribones y de ladrones. Y todo por sus santos e inmensos cojones.

Autor: Javier García Sánchez,

Un bohemio romántico.

Desde las tinieblas de mi soledad.

04/01/2021.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s