UNA RELACIÓN PERFECTA (VII)

-¡Ah -exclamó asustada Juia. Su voz aguda se mezcló con la pantalla y su grito se confundió con los gemidos de Gloria procedentes del celular. Después de la impresión inicial se relajó.-! ¡Qué susto me has dado -dijo, mientras volvía a subirse la braguita.-!

-Era lo que pretendía, pero no sé si he elegido el mejor momento. ¿Qué es eso?

Pregunté, señalando a la pantalla. Era una obviedad, que más bien me precipitaba en la culpa. Julia echó un vistazo al vídeo y, sonriendo, dijo:

-¡Me lo acaban de enviar! ¡Me siento tan orgullosa de ti…!

-¡¿Pero cómo !? ¡¿Quién te lo ha enviado!? ¿Orgullosa dices? ¿No estás irritada?

-¡¿Pero qué dices, amor!? ¡¿Cómo voy a estar irritada!? Fui yo la que te lo pidió; y sé que lo hiciste por mí.

-Cariño, no entiendo nada. Por favor, no te ensañes conmigo. ¿Cómo has recibido ese vídeo?

-Me lo ha enviado Gloria.

-¡¿Pero cómo!? ¡Es imposible! ¡La conocimos aquella noche, y sólo a mí me dio su número! ¡Y eso sólo después de tres horas de sexo! ¡¿Cómo carajo podía ella tener tu número!?

-Cariño, Gloria es amiga mía desde hace años; vamos juntas a la piscina; es profesora de matemáticas. Pero supuse que no te darías cuenta. Vives en tu muundo; sólo piensas en tus números y en el sexo. Nunca has sido demasiado observador. Gloria creía que te darías cuenta, pero yo sabía que no.

-Entonces, ¿lo has sabido desde el principio -de nuevo me sentía humillado y ridículo, y más con ese estúpido disfraz de esqueleto que tanto desentonaba con la seriedad del caso.-?

-Vamos, amor, no te lo tomes a mal. Ha sido algo divertido, pero inocente; y tú mismo has gozado mucho; no me lo vas a negar. Aquí mismo tengo la prueba -dijo, mostrándome la pantalla del celular con expresión de triunfo.-. A la mañana siguiente sólo marcharte me marcó para contármelo. Ya estaba vestida para irme al instituto, pero no pude esperar; las palabras de Gloria me incendiaron. Y ya sabes lo que pasó después.

¡No lo puedo creer! ¡Me habéis utilizado!

-Eh, cariño, no te enfades, que me has engañado -me respondía con su habitual calma. Y es que claro: ateniéndonos a aquel gran absurdo, yo era el malvado, aunque no fuera más que una marioneta en manos de las mentes diabólicas de aquellas dos mujeres.-.

-Está bien! ¡Pues esto se va a acabar! ¡No voy a volver a ver a Gloria!

-¡Cómo! ¡No lo dirás en serio! ¡Con lo que has gozado con ella! Eso me encendía mucho; todos los jueves me lo contaba. Lo del vídeo fue idea mía. Me moría de ganas por verlo. ¡No irás a romper ahora con ella!

-Esto no tiene sentido.¡ Deberías exigirme que dejara de verla, en vez de pedirme que siguiera acostándome con ella -me había quitado la careta y ahora pugnaba con el resto. Necesitaba recobrar mi dignidad. Entonces ya tenía muy claro que no volvería a ver a mi amante.-!

-Si estás hablando en serio, espero que al menos pronto aparezca otra mujer que avive la llama.

-¿Que avive la llama? ¿Acaso no la avivamos nosotros bastante?

-Pero cariño, me gusta la perversión, y a ti también -dijo, mientras volvía a pasarme las manos por la nuca. Sus últimas palabras sonaron muy sensuales.-. Pues, si tú no te acuestas con Gloria, lo haré yo.

Oí esas palabras con pánico; me quedé atónito. Pero fue sólo unos segundos. Pronto caí presa del deseo. De repente, toda la lascivia de mi esposa se apoderaba de mí; me excitaba la idea de que ella y mi amante se acabaran acostando. Julia me leyó la mente, se colgó de mi cuello y empezó a besarme; yo la recosté con suavidad sobre la cama y le quité la braguita. Fue apoteósico.

Autor: Javier García Sánchez,

un bohemio romántico.

Desde las tinieblas de mi soledad.

28-01-2021.

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