DEMASIADO EQUIPAJE

*Reto de febrero de Lídia Castro de cien palabras. Escribir jugando. Palabras clave: aerostato, imán y castillo:

Necesitaba huir. Había renunciado a todo cuanto poseía, incluso al vetusto castillo de sus ancestros, para romper con todo y emprender el viaje lo más lejos posible, sin ataduras, allá donde pudiera encontrarse a sí mismo. Subió con decisión al aerostato, sin mirar atrás. No obstante, para su sorpresa, el globo no se elevaba un solo palmo de tierra. Se despojó de todo, hasta de su propia ropa, pero no había manera de escapar. Era el peso de su vida, sus frustraciones y sus fracasos, la pesada losa que como un imán lo retendría en esa tierra y allá adonde fuera.

*Escrito basado en el reto de Lídia Castro:

El castillo siempre le había parecido una propiedad excesiva; le provocaba una sensación de asfixia, a pesar de su magnitud. Sólo por respeto a sus antepasados, a esa sangre milenaria que circulaba por las venas de la familia de la cual él era el último descendiente, había tolerado aquel lugar, donde durante años había vivido solitario, ocupando tan sólo el ala este en verano; la oeste en invierno. Sólo así podía soportar aquel vetusto castillo que, si bien siglos atrás había servido de refugio a decenas de personas y había resistido los continuos ataques de pueblos invasores, ahora se derrumbaba lentamente, fruto de la negligencia de su propietario, absorbido por el moho que nacía en sus paredes, atrapado por las hierbas que en ellas se enredaban. Paulatinamente se desprendían piedras y trozos de pintura, efecto del tórrido sol y de las fuertes lluvias. Pese a todo, el señor no hacía el menor esfuerzo por revertir aquel desgaste. Lo veía algo natural, una consecuencia lógica del paso del tiempo. Si su salud se resentía, ¿por qué no una construcción rocosa? Ya hacía bastante con no destruirlo; no podían exigirle que se responsabilizara de cuidarlo. Él no lo había pedido.

Aquella mañana dio un paseo por el pueblo, siempre taciturno, con la mirada clavada en el suelo. Únicamente cuando se topaba con alguna mujer harrapienta sentada en el suelo se llevaba la zurda al bolsillo del chaleco, extraía unas monedas y las dejaba caer con desidia. Nada de aquello le seducía; ni su opulencia, ni su superioridad, ni los deliciosos manjares que comíarodeado de sus grandes territorios.

Cuando regresó ya tenía la decisión tomada. No había sido fácil; había sido una decisión muy dura. Varias horas por el campo, mezclado con el follaje que crecía salvaje, sacudido por un viento cálido y abrasado por los inclementes rayos del sol estival, un sol que varias veces le había forzado a quitarse el sombrero y llevarse el pañuelo a la frente para enjuagarse las gruesas gotas de sudor. Se sentía mareado, en parte por las emociones que le agitaban; pero la determinación ya estaba tomada. Eran las últimas horas que pasaba en sus dominios. Renunciaría a todo: al castillo, a las tierras, a aquella vida segura, a aquel tedio. Rompería con todo lo que había conocido. Con todo lo que había sido.

Después de una comida frugal salió al tupido bosque que englobaba la mansión y subió al aerostato sin siquiera mirar atrás. El viaje que iba a emprender sería muy diferente de todos los anteriores; esta vez no regresaría. Para encontrarse a sí mismo necesitaba huir de todo, perderse. Debía ser un viaje ligero, sin llevarse más que lo imprescindible, en busca de nuevos aires, de nuevas ilusiones. Sin embargo, cuando se disponía a zarpar se percató de que el globo no arrancaba; lo revisó meticulosamente, pero no parecía haber nada estropeado. La única opción que se le ocurría era que había demasiado peso, a pesar de que no llevaba más que lo justo y necesario.En su desesperado afán por marcharse llegó a desprenderse de todas sus ropas, mas ni siquiera desnudo conseguía que el aerostato se elevara un solo milímetro del suelo. Y es que era el peso de sus años, todos los traumas, sus frustraciones y sus fracasos, lo que con su peso lo sujetaba a esa tierra como si de un imán se tratara; y lo que, allá adonde fuera, siempre le acompañaría.

Autor: Javier García Sánchez,

un bohemio romántico.

Desde las tinieblas de mi soledad.

05/02/2021.

2 comentarios en “DEMASIADO EQUIPAJE

  1. Muy bueno, Javi! Una metáfora dura de alguien que teniéndolo todo quiere escapar y no puede por el peso de algo que no es material. Muy bien tramada la historia. Enhorabuena. Un abrazo.
    PS. Et recordo que si poses el link de la meva entrada de febrer en la teva entrada, m’arriba de forma automàtica el te link 😉

    Le gusta a 1 persona

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