CARTA DE UN HIJO DE PUTA ENCABRONADO

Soy un hijo de puta; uno de los veintiséis millones que un puñado de ex militares descerebrados comentó jocosamente hace poco que había que matar (entiéndase: asesinar). Fue una charla entre amigos, una simple broma sin la menor importancia. O eso al menos es lo que sentenció la fiscalía acerca del caso. Es decir: no hubo delito de odio. En cambio, es condenable perfectamente una chica que cuelga chistes en una red social acerca del asesinato de Carrero Blanco; o unos jóvenes que queman fotos del Bribón; o publicar unas viñetas satíricas sobre la monarquía porque tenemos en la jefatura del Estado un atajo de zánganos y de ladrones. Entonces se incurre en un delito de calumnias que en el mejor de los casos acaba con el secuestro de la revista; en el  peor, con una multa o con la cárcel.

Esta diferencia de trato es insultante. Las conversaciones que derivaron en el golpe de Estado de 1936 quizá también empezaron así, con estas bromas inocentes en un bar. Luego se les fue la mano, asesinaron a miles de españoles e hicieron retroceder al país a la Edad Media. Pero claro: el régimen no pensaba disolverse con la pseudodemocracia, sino simplemente adaptarse; revestirse de un barniz democrático para poder entrar en la Unión Europea y que el pueblo se calmara. Se les permitía elegir ladrones y no se les mataba.

Y hoy día ser independentista o ser de izquierdas es ser un hijo de puta; eso es lo que dicen unos franquistas descerebrados; y eso es lo que la fiscalía respalda implícitamente para no tomar cartas en el asunto. La misma fiscalía que ha metido a un rapero en la prisión por las letras de sus canciones contra la monarquía. No importa si surgen un nuevo Mola, un nuevo Franco o un nuevo Serrano Súñer y vuelven a devastar el país. Y ahora sería incluso peor que en 1936. Entonces estaban fichados sólo los militantes en los partidos y en los sindicatos; pero hoy día debido a las redes sociales ya ha desaparecido la vida privada. Perfectamente saben qué opinamos y a quiénes votamos; y no tendrían ningún problema a la hora de hacer la criba de los veintiséis millones de hijos de puta.

Claro, que creo que para un número tan elevado habrán contado con los votantes socialistas. Craso error, aunque esperable de un grupo de descerebrados. Los socialistas abandonaron el socialismo hace más de cuarenta años; hoy no son más que una muleta de la monarquía. En sus estatutos se definen como un partido republicano, pero se niegan a que el rey comparezca en el Congreso para dar explicaciones sobre las cuentas de su padre, del mismo modo que se niegan a plantear el debate sobre el modelo de Estado. Es vergonzoso y repugnante que la vicepresidenta primera y el presidente respalden a la casa real, igual que es vergonzoso y repugnante que la ficalía de carpetazo al caso de esos descerebrados mientras persigue a quienes atacan a toda esa panda de ladrones.

Me gustaría decirles algo a esos descerebrados, pero lamentablemente carezco de las palabras adecuadas. Creo que lo mejor que puedo hacer es citar las palabras del erudito Diego Armando Maradona, el único que está a su altura, cuando exclamó aquello de: ¡A mamarla!

Firmado: un hijo de puta. Y muy orgulloso de serlo.

Autor: Javier García Sánchez,
Un bohemio romántico.
Desde las tinieblas de mi soledad.
05/03/2021.

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