EL OTRO CASTILLO (X)

-Creo que su amiga lo está llamando. Ya es tarde; debería marcharse. Vamos a cerrar. Y vosotros, ¡largaos también! ¡Ya volveréis mañana!

Dijo, volviéndose hacia los parroquianos que había nombrado como amigos de Klamm, al tiempo que sacaba un látigo de su vestido y lo blandía con rabia contra la concurrencia, que sólo entonces enfiló hacia la puerta. K miraba impresionado a aquella mujer.

-Sólo así consigo que me hagan casa. Pero no se preocupe. Mañana tendré de vuelta a ese rebaño de borregos sin falta. Van adonde vaya Klamm. Y si no tienen su dosis diaria de alcohol no son felices. Pero bueno… creo que a usted se le hace tarde.

-Gracias, pero preferiría pasar la noche aquí.

-Esto no es un hotel; aquí cerramos. Además: ¿no estaba buscando a su amiga?

-Sí, pero no es tan fácil. He visto a Klamm a través de un pequeño orificio, pero necesito hablar con él. Mis ayudantes no tienen herramientas. Quizá él pueda proporcionarnos.

-No sé si eso será posible. En cualquier caso, es complicado hablar con él; es una persona muy reservada. Todos los administradores del castillo lo son. Por eso tiene reservada una sala para él solo, para asegurarse de que ningún desconocido pueda importunarle.

El posadero llamó desde el fondo de la taberna a K; éste se escondió tras el mostrador.

-Aquí no está. Se marchó poco después de que se fuera toda esa chusma.

Gracias otra vez.

Entiendo lo que me dice, pero hágase cargo de mi situación. No puedo empezar a trabajar así. ¿No podría usted hablar con él? Dígale que me conceda sólo unos minutos. Usted es una mujer de carácter. y es su novia; a usted le hará caso.

-No; a tanto no llego. Soy su novia, pero mi influencia es limitada. Al fin y al cabo, sólo soy una camarera; y él, un funcionario del castillo. Me halaga que me considere una mujer de carácter; no soy así siempre.

-Pues lo que hiciste hace un momento me impresionó mucho; cómo domaste a toda esa gente y la expulsaste -dijo K, que se había pasado al tuteo-.

-¿De verdad -respondió Frieda con un tono más sensual y coqueto. Por primera vez aparecía en su rostro una sonrisa de satisfacción, incluso de deleite. Sin ser una mujer agraciada atraía a K, que se sentía cada vez más subyugado por ella-?

-Sí. Creo que nunca he conocido a una mujer de tanto carácter. Creo que ya entiendo porr qué Klamm te eligió; lo cautivaste con tu modo de ser. No le importó que fueras sólo una camarera; se fijó en ti por ser como eres. Eso también es admirable en él; demuestra que es una persona razonable y sensata. En cuanto a ti, es obvio que también ganaste. Pero es un alto precio el que pagas por estar con él; tienes que trabajar aquí diez horas todos los días y aguantar a toda esa chusma.

-Bueno… A veces hay que hacer sacrificios. Digamos que esa chusma venía incluida en el paquete.

-Pues no estoy seguro de que ese paquete te convenga.

-¿Y qué es lo que me sugieres -preguntó ella, que aceptó el tuteo-?

-Que lo devuelvas. Yo te amo, igual que te ama Klamm. No soy funcionario y no puedo ofrecerte nada, pero precisamente por ello mi amor es más sincero, porque sabes que no hay nada más que mis esfuerxos por sobrevivir. Si me eliges a mí será duro; tendremos que trabajar a conciencia para salir adelante. Pero no tendrás que servir en la Posada durante diez horas, ni tendrás que aguantar a esa chusma asquerosa.

Autor: Javier García Sánchez,

un bohemio romántico.

Desde las tinieblas de mi soledad.

18/03/2021.

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