EL OTRO CASTILLO (XIV)

-Por favor, señor agrimensor, siéntese en esa silla y póngase cómodo -dijo el alcalde, mientras señalaba al borde de la cama.

-¿Me acaba de decir que no precisan de un agrimensor y me llama así?

-Es su oficio, ¿no? Otra cosa es que requiramos sus servicios. Pero si lo prefiere puedo llamarle K.

-Prefiero señor agrimensor. Muchas gracias.

-Muy bien, señor agrimensor. Pues sea tan amable de tomar asiento. Para que comprenda mejor lo que ha sucedido, cómo se ha llegado al fatal error que ha motivado que usted hiciera un viaje inútil, creo que lo mejor será que se lo muestre con un caso muy parecido al de usted que tuvimos el año pasado. ¡Mizzi -dijo, alzando la voz en dirección a la puerta. Poco después apareció la mujer que le había abierto la puerta a K-! Mizzi, por favor, busca en el armario el expediente del agrimensor del año pasado. Mizzi es mi esposa; no sé qué haría sin ella. Desde que caí enfermo se ocupa de todo.

La mujer abrió un armario que había enfrente de la cama. De su interior brotó una gran avalancha de papeles.

-Como podrá comprobar, señor agrimensor, aquí se trabaja mucho. En este armario guardo los expedientes del último año; en el desván hay muchos más -dijo, mientras la esposa, sumida en el silencio, se perdía en medio de todos aquellos papeles, en busca del documento que solicitaba el alcalde-.

-¿Quiere que le ayude -propuso solícitamente K-?

-Señor agrimensor, le tengo un aprecio sincero, pero no puedo permitir que acceda a mis documentos. Eso es información demasiado confidencial. Mizzi, mira por abajo; tiene que estar por el fondo. Fíjate bien. En la parte superior izquierda tiene que poner la palabra agrimensor.

La mujer seguía enfrascada en la búsqueda cuando oyeron golpes en la puerta. El alcalde se sobresaltó. Al momento oyeron:

-¡Señor agrimensor, somos nosotros! ¡Por favor, déjennos entrar! ¡Hace mucho frío!

-Son mis ayudantes -dijo K, mientras Mizzi dejaba su trabajo para ir a abrir-. Al menos ahora han aprendido modales.

-Bueno, ya que estáis aquí, haced algo útil y ayudad a la esposa del sseñor alcalde a encontrar un expediente con la palabra agrimensor.

El alcalde, que minutos antes había rechazado su colaboración, no puso objeción alguna a que los ayudantes buscaran entre los papeles. Éstos, por su parte, se arrodillaron junto a la señora e hicieron lo que se les había mandado.

-Al menos así están entretenidos. No los soporto.

-¿Por qué dice eso? Son sus ayudantes; usted los contrató.

-No; yo no los contraté. Me los asignó el castillo.

-Mizzi, ¿encontráis ya el documento?

La esposa seguía buscando incansable. Los ayudantes habían volcado el armario para sacar más rápidamente los expedientes, pero se dedicaban a mezclar una y otra vez los papeles, deshaciendo todo el trabajo que hacía la buena mujer.

Vaya. Pensaba que iba a ser más fácil de encontrar. Como ya le dije, en esta administración se trabaja mucho. Pero no importa. Si tuviera el expediente sería todo mucho más sencillo, claro está. De todos modos, aunque no tenga el documento en mano, creo que se lo podré explicar. Usted es un hombre formado; no tendrá problemas para seguir mi argumentación.

Autor: Javier García Sánchez,
Un bohemio romántico.
Desde las tinieblas de mi soledad.
27/03/2021.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s