EL OTRO CASTILLO (XXI)

“Al señor agrimensor:

Tal como se le comunicó recientemente, usted ha sido víctima de un error administrativo. Sin embargo, a pesar de que la naturaleza de las circunstancias exonera al castillo de toda responsabilidad, nos solidarizamos con su situación. Es por ello que, con vistas a subsanar las antedichas consecuencias de tal malentendido, se le ofrece la plaza de conserje de la escuela; el maestro Lasemann sería su superior jerárquico. Atentamente: la administración del castillo.”

K leyó la carta por segunda vez, ahora en voz alta, para que el maestro conociera el contenido. La misiva era creíble, el contenido hacía referencia a la conversación con el alcalde; era obvio que éste había realizado gestiones. I en este caso, con una gran eficacia. En apenas unas horas había conseguido un empleo.

-Dele las gracias al alcalde de mi parte, pero dígale que no puedo aceptar el cargo que se me ofrece. No soy conserje. Mi oficio es el de agrimensor.

-¿De modo que no acepta -preguntó el maestro con una sonrisa de satisfacción-? Me lo esperaba. Que le vaya bien.

El maestro salió y al momento Frieda, ya segura de no verse con Lasemann, regresó junto a K.

-¿Qué quería?

-Ha venido a traerme una carta del alcalde; se me ofrecía el puesto de conserje de la escuela. Lo he rechazado.

-¡¿Que lo has rechazado!? ¡Pero K, no puedes hacer eso! ¡Necesitamos dinero! ¡Y no tenemos un lugar donde pasar la noche!

Tras decir tales palabras se apresuró fuera de la Posada, en busca de Lasemann, que no había tenido tiempo de alejarse demasiado, y lo tomó del brazo para llevarlo de regreso a la taberna, con visible expresión de desagrado por parte del maestro.

-¡Dile que aceptas el puesto!

-Está bien; entonces les daré la llave de la escuela. Hay dos aulas; pueden escoger para alojarse la que prefieran. Es indispensable que a las ocho estén levantados y que el aula esté en condiciones para su aprovechamiento docente. No debe haber restos de comida, ropa tirada ni nada por el estilo; creo que no es necesario que entre en más detalles. Por descontado, durante el horario lectivo deberán abandonar la escuela. De entrada sus funciones se reducirán a las de limpieza y mantenimiento. Y ahora, si no tienen ninguna duda, me retiro. No lo olviden: mañana el aula debe estar en condiciones para las ocho en punto.

-Esto es frustrante y degradante -dijo K en cuanto Lasemann se hubo marchado nuevamente-. No soy conserje; soy agrimensor. Además: salta a la vista que no le caigo bien; ya me lo demostró la primera vez que lo vi y ha vuelto a hacerlo ahora.

-Ten un poco de paciencia. No siempre se puede conseguir lo que uno quiere. Además: aunque al principio pueda parecer duro, nos acostumbraremos; será divertido. Tómalo como una experiencia. Y yo te ayudaré; estaremos siempre juntos.

-Quizá todavía pueda hacerse algo, puero debo actuar con rapidez. Necesito ir esta tarde a la Posada de los Señores.

-¡¿Qué!? ¡¿Para qué!?

-Quiero hablar con Klamm; quizá él pueda hacer algo. Aunque todo fuera un error, en esas cartas él figuraba como mi superior jerárquico.

-¡¿Pero te has vuelto loco!? ¡Yo era su prometida! ¡Y lo dejé por ti! ¡¿De verdad esperas que después de eso se digne a escucharte!?

-No sé. Quizá vea en ello una posibilidad de retomar el contacto contigo, de mantener un delgado hilo de unión a través de mí. En cualquier caso, no pierdo nada por intentarlo. Sólo serán unas horas. Mientras tanto, tú ve a la escuela, elige un aula y espérame ahí.

Autor: Javier García Sánchez,

un bohemio romántico.

Desde las tinieblas de mi soledad.

09/04/2021.

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