AMOR DE MADRE

*Escrito presentado al reto de mayo de Lídia Castro, Escribir jugando:

Pocos conocían su secreto, la causa del amargo dolor que recorría su alma. Durante una parte del año se mostraba jovial y se relacionaba con todos los dioses del panteón griego, repartiendo besos y abrazos generosamente; mas transcurridos seis meses, toda la alegría parecía apagarse. Por más que quisiera ocultarlo, caían las hojas de los árboles y las plantas dejaban de dar frutos. Únicamente en su jardín crecían agrimony, la flor que consagrara a su hija cuando ésta aún era niña.

*Escrito basado en el reto de Lídia Castro:

Sometido a constantes rivalidades desde el origen de los tiempos, el Olimpo había contemplado enfrentamientos de lo más variopintos; a veces con motivo del apoyo a unos humanos o a otros, como en el caso de la Guerra de Troya; en otras ocasiones, por la vanidad de obtener el mecenazgo de una ciudad, como en el caso de Atenas. También ella había tomado partido por una de esas facciones, apoyando a unos y atacando a otros; también ella había sentido tales pasiones y ambiciones. Por eso causó tremendo impacto cuando cesó en su lucha y cuando nació en ella un carácter más jovial; cuando se reconcilió con sus rivales de antaño y empezó a obsequiarles con hermosas sonrisas. Había hecho tabla rasa; no quedaba ni rastro de su carácter aguerrido. Sorprendidos por semejante cambio, unos lo interpretaban al principio como mero ardid, propio de una diosa ducha en el arte del engaño y hábil en recursos; otros, desconcertados, vieron con pavor tales muestras de afecto, temiendo una delación y que quien hasta entonces había militado en sus filas se convirtiera en terrible enemiga. Ambos bandos se quivocaron. No hubo engaño ni traición; pero, si unos respiraban tranquilos por haber perdido tan fiera luchadora, los otros lamentaron su baja de la arena olímpica.

Únicamente Zeus conocía la secreta angustia que recorría ese corazón maternal. Zeus y Hades, el hermano que le había provocado la punzante herida. El padre de los dioses, apiadado de la pena de la madre, había cedido a sus ruegos de que guardara silencio. Sólo había obtenido de su hermano aquella solución salomónica, con la que al menos conseguía paliar la agonía de la madre durante seis meses.

Sin embargo, por más que el dolor la afligiera, en nada cambiaba su actitud hacia sus compañeros. El único cambio que notaban era que a partir de un determinado día caían las hojas de los árboles y las plantas dejaban de dar sus frutos; pero, en cambio, en el jardín de la diosa brotaban miles de agrimony. Se trataba de la flor que había consagrado a su hija nada más nacer; había llenado la cuna con dicha flor, y la criatura había crecido identificándose con ella, hasta el punto de que solía utilizarla para adornar sus cabellos.

Así, durante los seis meses en que sufría la ausencia de la hija, la madre se sumía en una honda pena y abandonaba los campos a su suerte; y, afligida por la lacerante pérdida de su amada retoña, se consolaba contemplando aquellas hermosas flores, triste recuerdo de una niña que en un tiempo remoto, todavía a salvo de su exuberante belleza, había sido sólo suya.

Autor: Javier García Ninet,

un bohemio romántico.

Desde las tinieblas de mi soledad.

08-05-2021.

4 comentarios en “AMOR DE MADRE

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