EL OTRO CASTILLO (XXXI)

Kllegó a media tarde a casa de Barnabas; llamó a la puerta y le abrió Amalia.

-Buenas tardes, señor agrimensor. ¿Dónde ha estado todo este tiempo? Le hemos echado mucho de menos.

-Muchas gracias; es usted muy amable. Pero tenía cosas que hacer.

. Por favor, no se quede ahí; entre.

Y lo condujo al interior de la casa, a la amplia salaen penumbra donde, sentados en una esquina, permanecían los padres. K procuraba evitar que su mirada se cruzara con la de ellos; sentía repulsión por aquella imagen decrépita. Recordaba con desagrado la escena vivida aquella primera vez. Trataba de disimular el disgusto por tener que afrontar tan estampa, pero Amalia no dejaba escapar aquellos detalles.

-¿Barnabas está en casa?

-Aún no ha regresado. Si lo desea, puede esperarlo aquí. Mi hermana está en el establo; si aguarda un momento, podrá verla. ¿Por qué no regresó con ella la otra noche? Vino muy apenada. Ella siente algo por usted. Estoy segura, aunque no me lo haya dicho; eso entre las mujeres se intuye.

-Muchas gracias. Ahora discúlpeme. Vine a ver a su hermano. Creo que es mejor que me marche.

-Dispénseme si fui demasiado directa y brusca con mis palabras. Le ruego que me preste unos minutos de atención; quizá así le pueda explicar la tremenda desgracia que ha caído sobre nuestra familia; y sólo entonces, cuando lo sepa todo, comprenderá cómo mis padres han acabado en esa situación; y quizá entonces entienda por qué mi hermana es tan retraída y se ocupa tanto de ellos.

<<Mi padre fue jefe del cuerpo de bomberos.

-¿Su padre -preguntó K con asombro-?

-Le sorprende, ¿verdad? Y de aquello hace sólo dos años. Nuestra familia gozaba de mucho prestigio en el pueblo. Todos los años se organizaba una fiesta en el cuerpo de bomberos. Hace doos, con motivo del nombramiento del nuevo gobernador, se realizó un acto muy especial; era una fiesta por todo lo alto. Todos estábamos muy emocionados. Mi madre le compró a Olga un hermoso vestido blanco, muy escotado; ella se lo probó y le quedó estupendo; parecía que se lo hubieran hecho expresamente para ella. Confieso que cuando la vi tan radiante sentí celos, aunque no despertara ninguna animadversión por ella; es imposible odiar a Olga; es demasiado buena. Pero me puse triste. Una vecina se dio cuenta y se compadeció de mí; se quitó un broche muy lindo que llevaba en el cuello y me lo pusocon ternura. Quedé muy agradecida por ese gesto, pero pronto comprendí que la fiesta podía ser un gran día para Olga; que acaso pudiera encontrar esposo. No podía robarle el protagonismo. Al día siguiente fui yo quien se quitó el broche y se lo colocó a ella.

<<Cuando aquella noche tuvo lugar la fiesta en el cuerpo de bomberos, había mucha espectación. El nuevo gobernador, Sortini, se acercó a felicitar a mi padre y a darle las gracias por el acto.

-¿Sortini, dices? Creo que he oído hablar de él.

-No. Seguramente lo confundes con Sordini, con “d”, un funcionario muy conocido; es uno de los vicealcaides.

-Es verdad. Tuve un pequeño altercado con Schwarzer, su hijo, la noche en que llegué.

-Pues bien: Aquella noche Sortini saludó a mi padre, como le iba diciendo, pero al poco tiempo de verlo reparó en Olga; la miró de reojo. Creo que fui la única que se percató. Y durante toda la noche, agazapado tras la nueva bomba de agua que inaugurábamos para celebrar a nuestro nuevo gobernador, acompañado por sus ayudantes, no dejaba de observarla. Yo estaba asombrada por el poder de atracción de mi hermana, pero no dije nada a nadie; sólo vigilaba a aquel hombre tan enigmático.

Autor: Javier García Ninet,

un bohemio romántico.

11-05-2021.

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