TUS MIRADAS

Escrito presentado a reto por el grupo Artes literarias: prosa y poesía, de Andrea Gastelum/Mar Aranda.

Dedicado a mi novia, Flora Ubaldo Alarcón:

A veces son miradas de dolor, miradas de sufrimiento, miradas que me traspasan y me contagian tan lacerante angustia; miradas que imploran una tregua, el final de la cruel condena. Veo esos hermosos ojos pardos anegarse en lágrimas y siento cómo llueve en mi alma. Cómo quisiera compartir tu angustia y liberarte de parte del peso siquiera.

A veces son miradas tristes, miradas de impotencia, perdidas en el vacío. Te percibo distante y ensimismada, sumida en ese mundo despiadado que te oprime, acosada por esos seres enfermos y repulsivos que no cejan en sus psicóticos ataques. Ojalá estuviera contigo para protegerte, para desatar mi cólera contra personas semejantes, para acometerles en el cuerpo a cuerpo si menester fuere.

A veces son miradas somnolientas, como soñadoras. Te veo con los ojos entornados después de una noche complicada, mas todavía haciendo un esfuerzo, luchando contra la espesa niebla que paulatinamente se cierne sobre tus párpados, sin querer renunciar a mi imagen, sin querer privarme de contemplarte. Esa imagen de paz, ese rostro relajado, me cautiva. En tales ocasiones prefiero que descanses, estar contigo para cuidarte como tú me cuidas desde la distancia; abrazarte y velar tu sueño mientras esculpo en mis pupilas tu rostro dormido.

A veces son miradas feroces, donde la rabia te enciende las mejillas y te inflama los ojos con demoníacos colores. En tales casos se manifiesta en ti la furia por el agravio recibido, por la ofensa que aún permanece sin castigo. No haber sido yo el deudor, el autor de la imperdonable falta, me ha resguardado de tu atronadora voz, de tus inapelables gritos; mas aún así he podido observar en tus gestos la sombra del resentimiento, el ceño fruncido.

A veces son miradas alegres, miradas que me obsequian con amplias sonrisas, con una felicidad pronta a estallar en una sonora carcajada. Entonces estás rediante, seductora, hechizante. Me veo reflejado en tu dicha y siento que es la mía; que verte sumida en el gozo es el elixir de mis penas, lo que alumbra mi triste existencia, lo que le da sentido a mi vida. Cómo anhelo acariciarte, abrazarte, besarte, tenerte a mi lado y que ambos seamos uno solo.

Acaso sean muchas y muy diferentes las miradas con que a diario o por temporadas me obsequias; acaso sienta que se me escapa el alma del pecho cuando un mal te aflige; o me sienta flotar en una nube cuando te relajas, cuando te acomete el pesado sueño; acaso me embriague con tu felicidad, con tus explosiones de alegría, con esa aureola de dicha que te rodea. Pero todas eres tú; todas las comparto. Todas las adoro, por más que me sienta morir cuando la angustia te acose, por más que arda cuando la rabia te invada. Amo pada parte de ti, cada sentimiento que en ti nace, flor de mi alma.

Versión del reto (fui descalificado por exceso de palabras: 361. El límite era 300):

A veces son miradas de dolor, miradas de sufrimiento, miradas que me traspasan y me contagian tan lacerante angustia; miradas que imploran una tregua, el final de la cruel condena. Veo esos hermosos ojos pardos anegarse en lágrimas y siento cómo llueve en mi alma. Cómo quisiera compartir tu angustia y liberarte de parte del peso siquiera.
A veces son miradas tristes, miradas de impotencia, perdidas en el vacío. Te percibo distante y ensimismada, sumida en ese mundo despiadado que te oprime, acosada por esos seres enfermos y repulsivos que no cejan en sus psicóticos ataques. Ojalá estuviera contigo para protegerte, para desatar mi cólera contra personas semejantes, para acometerles en el cuerpo a cuerpo si menester fuere.
A veces son miradas somnolientas, soñadoras. Te veo con los ojos entornados después de una noche complicada, mas todavía haciendo un esfuerzo, luchando contra la espesa niebla que paulatinamente se cierne sobre tus párpados, sin renunciar a mi imagen, sin querer privarme de contemplarte. Esa imagen de paz, ese rostro relajado, me cautiva. En tales ocasiones prefiero que descanses, estar contigo para cuidarte como tú me cuidas desde la distancia; abrazarte y velar tu sueño mientras esculpo en mis pupilas tu rostro dormido.
A veces son miradas feroces, donde la rabia te enciende las mejillas y te inflama los ojos con demoníacos colores. En tales casos se manifiesta en ti la furia por el agravio recibido, por la ofensa que aún permanece sin castigo. No haber sido yo el deudor, el autor de la imperdonable falta, me ha resguardado de tu atronadora voz, de tus inapelables gritos; mas aún así he podido observar en tus gestos la sombra del resentimiento, el ceño fruncido.
A veces son miradas alegres, miradas que me obsequian con amplias sonrisas, con una felicidad pronta a estallar en una sonora carcajada. Entonces estás rediante, seductora, hechizante. Me veo reflejado en tu dicha y siento que es la mía; que verte sumida en el gozo es el elixir de mis penas, lo que alumbra mi triste existencia, lo que le da sentido a mi vida. Cómo anhelo acariciarte, abrazarte, besarte, tenerte a mi lado y que ambos seamos uno solo.

Autor: Javier García Ninet,

un bohemio romántico.

Desde las tinieblas de mi soledad.

14/05/2021.

3 comentarios en “TUS MIRADAS

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