TIEMPOS PASADOS

Todo era más fácil antes, sin duda alguna. Es decir: cuando digo “antes” me refiero a una época por mí conocida, hace unos treinta años. Me refiero a lo que se conoce como “era predigital!”; cuando la gente vivía de verdad; cuando nadie permanecía alienado, pendiente de un dispositivo móvil para comunicarse con otras personas, no importa si están a diez mill kilómetros o a la vuelta de la esquina.

Antes los niños eran más atléticos. Para jugar salían a la calle, en vez de pasarse el día cara a la pantalla. Eso también les hacía ganar en empatía: poder verse cara a cara, abrazarse, besarse; escuchar las penas y alegrías del otro y relatar las propias. Hoy todo eso se ha perdido. La gente vive inmersa en un mundo falso por definición como es el virtual; han desaparecido las relaciones tangibles, los sentimientos. Nada o pocas cosas más tristes que ir por la calle y ver a la mitad de la gente con la vista clavada en el celular, en vez de dirigirla al paisaje que la rodea, mientras la otra mitad pasea con el móvil pegado a la oreja para mantener una plática vacía e insustancial con otra persona igualmente superficial. Esa gente no sabe pensar; esa gente no tiene espíritu crítico. Se trata de meros autómatas, de víctimas del sistema; de máquinas astutamente diseñadas para trabajar y dominar una materia que sea útil a sus señores, como simples piezas; o simplemente para ser carne de cañón en una de esas guerras imperialistas a las que acuden con todo su absurdo patriotismo, con la idea de defender una bandera que no es más que un trozo de tela. Arriesgan sus vidas -y muchos las pierden- para que sus jefes puedan seguir gozando de sus privilegios, sin ver que el tipo que los mata o a quien matan comparte con ellos su miseria.

En aquellos tiempos no estábamos tan controlados. Lo estábamos, pero no llevábamos todo el día una cámara y un micrófono pegados a nosotros. Hoy día no hay ya escapatoria; ha muerto la vida privada. Y es que a menudo uno mismo se ocupa de difundir imágenes sobre su vida y compartir sus pensamientos por estos medios tan fatales que son las redes sociales. Somos vanidosos porque somos inseguros; necesitamos mostrar y aparentar ante los demás. Y ahí es cuando abrimos nuestra intimidad sin percatarnos de que nuestras acciones son temerarias y nos exponemos. Es el sistema perfecto: una dictadura que controla el pensamiento a través del control de los medios y abuele la capacidad crítica de los individuos, que quedan integrados en ese conjunto que es la masa, que les ofrece la seguridad del rebaño. Es un sistema totalitario perfecto, porque el individuo, incapaz de percatarse del control que se ejerce sobre él, anestesiado con el circo que se le ofrece a través de los medios, y sometido por la religión, acatará las normas. Acaso no ame a su opresor, pero no lo odiará tanto como para rebelarse.

Autor: Javier García Ninet,

un bohemio romántico.

Desde las tinieblas de mi soledad.

20/07/2021.

2 comentarios en “TIEMPOS PASADOS

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