EL PLACER DE DAR

*Escrito presentado al grupo Artes literarias: prosa y poesía, de Andrea Gastelum/Mar Aranda. Temática: Mi primera vez. Primer puesto:

De niño sufrí acoso escolar. A mis compañeros les llamaba la atención mi constitución física; me veían como un blanco fácil, un objetivo sencillo para sus burlas. Todo empezó con motes, con zancadillas y con carcajadas al ver cómo caía; con pelotas de plata que me arrojaba en el patio o en clase, cuando  la maestra se giraba. Al principio traté de pedir ayuda a los profesores, pero eso agravó la situación. Si no hubiera hecho nada, quizá se habrían compadecido de mí; las niñas más influyentes habrían protestado y todo habbría terminado en cuestión de semanas. Pero yo entonces no lo sabía.Cuando los demás niños vieron mi delación la interpretaron como un gesto de cobardía, y ya no hubo clemencia; todo lo contrario: entonces intensificaron los ataques. Al salir de clase me acechaban; me perseguían en grupo y me acorralaban. Cuando creía estar dejándolos atrás, por delante aparecían otros cinco que me cortaban el paso. Entonces iniciaban las patadas en el estómago y  los insultos. Comprendí que había cometido un grave error, y no volvía a caer en él. Me di cuenta de que sólo podía salir de mi situación por mí mismo.No tener vida social y ser un marginado tiene sus ventajas. Yo no tenía costumbre de consumir dulces; en ese aspecto, mi vida era más saludable. Por otra parte, aunque la mayor parte de mis intentos de huida eran infructuosos, corría tanto que en conjunto era mucho más rápido que cualquiera de mis atacantes.Una tarde cuando salí de la escuela los chicos notaron que tomaba un camino diferente. Aquello debió de sorprenderles, pero no por ello iban a cesar en su actitud hostil; y yo lo sabía. Si no podían acorralarme en el jardín, frente a la estatua de mármol de aquel célebre médico que tuviera el pueblo más de cincuenta años atrás, lo harían en otro lugar.Los chicos me siguieron a unos metros de distancia; yo me percaté. Sólo aguardaban el momento oportuno, cuando no hubiera testigos, para darme alcance y comenzar con los golpes. Entonces empecée a correr tan deprisa como pude; y pronto los dejé atrás. Pero aquello no podía acabar así; yo no quería. Lo que quería era terminar de una vez por todas con aquel problema. Entonces frené, me di la vuelta y vi que dos venían hacia mí jadeantes. El hecho de verme parar debió de darles confianza; les haría pensar que también yo estaba agotado, y que podrían darme alcance. Reanudé la marcha a un ritmo más lento, simulando fatiga, y me escondí en el aparcamiento de un supermercado para esperarlos. Aquello debió de infundirles nuevos bríos; pensarían que ya no tenía escapatoria; que yo mismo me había tendido la emboscada.Los dos niños entraron en el aparcamiento, en ese momento repleto de coches. Yo contenía la respiración junto a la puerta del baño, hasta que los sentí llegar. Entonces descargué con todas mis fuerzas una barra de hierro que había guardado previamente sobre uno de ellos; y antes de que el segundo pudiera escapar, lo alcancé y lo dejé tendido junto a su amigo. Aquélla fue la primera vez que maté. Entonces comprendí que dar era mucho mejor que recibir.

Autor: Javier García Ninet,

un bohemio romántico.

Desde las tinieblas de mi soledad.

23/07/2021.

2 comentarios en “EL PLACER DE DAR

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