FALSO POSITIVO (IV)

Disimular ante los chicos se me hacía especialmente complicado; me veía forzada a teñirme el vello púbico. Pero conseguimos mantener la farsa. Ahora bien: una farsa semejante no puede mantenerse durante toda la vida; eso es algo agotador para cualquiera. Tarde o temprano acaba por conocerse la verdad. Las drogas son los grandes desinhibidores. La primera noche que me emborraché con mis amigos bajé la guardia, y en un alarde de confianza les confesé que mi color natural era ése tan denostado por la dictadura. Por suerte comprendieron mi largo silencio y admiraron que hubiera conseguido burlar al régimen durante tantos años.

Cuando recuperé la sobriedad me asusté por aquel arrebato de sinceridad. Desde entonces viviría atrapada, expuesta a la delación, a que cualquiera se fuera de la lengua. Por suerte para mí, nadie lo hizo; y la única explicación que encuentro a día de hoy es que todos estaban tan borrachos o más que yo. De otra manera, por muy buena voluntad que tenga uno, siempre acaba soltando el comentario en una plática distendida, con unas copas de más, tal como había heccho yo. Con la diferencia de que yo me jugaba la vida y la de mi padre. Pero no. No pasó nada.

Y después de tantos años engañando a la dictadura, aquella noche, deseando por una vez ser yo misma, celebrar mi licenciatura por todo lo alto, salí de casa con mi color natural. Cuando Carlo me vio, al principio no podía dar crédito; se quedó paralizado,sin palabras. Tuve que preguntarle qué le pasaba aantes de que se decidiera a abrazarme y a comerme la boca. Y minutos más tarde, ya en la discoteca, hubo un momento de tensión cuando todos vieron que un chico normal llegaba con una chica defectuosa. Cuando se sumaron nuestros amigos ya me diluí entre la masa y todos volvieron a dejarse llevar por la música.

Sin embargo, algo debió de pasar aquella noche; es lo único que se me ocurre que pueda explicar la presencia del coche patrulla y que nos pararan. Alguien debió de avisarles de aquel flagrante delito contra la raza. Lo peor de todo era si investigaban y descubrían que yo, ese ser impuro, había cometido aquel horrible crimen en connivencia con mi padre durante veinticinco años.

-¿Y tú? ¿Puedes conducir?

-¿Pero si está peor que ella!

-¡Está bien! ¡Sal del coche y pídete un taxi! ¡Lárgate antes de que cambie de opinión y te enchirone como a tu amiga, degenerado!

Carlo, a pesar de la borrachera que llevaba encima, salió espantado al oír el tono brusco del hombre, que con él se había mostrado más violento que conmigo. En cuanto a Carlo,, entiendo la situación difícil en que se encontraba, pero nunca habría pensado que se desentendería de mí. Creí que avisaría a mi padre, que buscaría ayuda, que haría lo posible por sacarme de estas mazmorras. Después de dos días comprendí que no arriesgaría ni un pelo por salvarme.

Autor: Javier García Ninet,

un bohemio romántico.

Desde las tinieblas de mi soledad..

31/07/2021.

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