EL OTRO OLIVEIRO

*Escrito presentado al quinto mundial de escritura por el grupo Nada nos detiene. Tercera consigna: óbito por un ser querido:

**Escrito seleccionado para competir con los de mi equipo. Pese a los cuantiosos errores, terminé cuarto con cinco votos, empatado con la tercera, a un voto de los dos ganadores.

Apenas lo conocía. Para mí sólo era un primo más; uno de tantos de la extensa caterva de nuestra familia paterna, siempre tan fecunda. Es cierto, sin embargo, que en los últimos tiempos me habían llegado ciertos comentarios de mi padre; me comentaba que su hermano estaba preocupado por su hijo, por su espíritu bohemio y despreocupado. Pese a que había estudiado una licenciatura, se negaba a ejercer y a desempeñar un trabajo, aunque su padre estaba dispuesto a hacer uso de su amplia red de contactos para que tuviera un empleo cómodo y bien pagado.
El hijo, no obstante, tenía un espíritu más bohemio; disfrutaba entregándose a la literatura y componiendo poemas. Se codeaba con gentes de las letras catalanas y compartía con ellas largas horas, sentado a la terraza de un café, con una cerveza sobre la mesa y un cigarrillo entre los dedos anular y corazón de una mano. Hacía comentarios jocosos y miraba de una forma muy característica, a la par penetrante y sensual. De repente, en medio de una plática informal entre amigos, podía tomar la servilleta que tenía al lado, sacaba un bolígrafo del bolsillo de la camisa y componía un poema basado en el menú del restaurante. Después, ante la atenta y divertida mirada de todos, se ponía en pie y lo recitaba. oyente se sentía atrapado por su voz grave; una voz grave que cautivaba a las mujeres. Así fue como conoció a su esposa y a la que ahora era la madre de su hija.
Estoy convencido de que mi primo había visto «El lado oscuro del corazón» y se había sentido subyugado por el protagonista; sus vidas me parecían calcadas. Era como si hubiera querido llevar a la realidad al personaje. Igual que a Oliveiro, sus parientes le insistían en que buscara trabajo; y él, igual que Oliveiro, respondía que ya tenía trabajo; que era poeta. Se me hace gracioso imaginarlo en el papel de Darío Grandinetti, recitando de memoria poemas de Benedetti a los conductores de los vehículos estacionados ante los semáforos, mientras aguardaba que le dieran unas monedas con las que poder pasar el día. Claro, que eso sería impensable en nuestros tiempos; hoy nadie lee, y menos poesía; en todo caso, alguna que otra novela comercial y de mal gusto, del estilo de «Cuarenta sombras». Hoy día lo importante es la música -cuanto más asquerosa mejor- y ver vídeos en las redes sociales.
En cualquier caso, la imagen de mi primo paseándose por las calles de Buenos Aires o de Montevideo, platicando en un bolinche con una prostituta o con la propia muerte, me acude a la mente con cierta frecuencia, pese a que él obtuvo más reconocimiento que Girondo.
Creo que eso nos sorprendió a todos cuando asistimos a su velorio y al funeral del día siguiente: la gran cantidad de personas que acudieron a despedirse de un joven, pero ya afamado poeta. Le habían hecho entrevisstas en Ibiza; y varias revistas publicaron extensos artículos homenajeándolo tras su muerte.
Recuerdo que la semana anterior a que falleciera había ido varias veces al hospital a ver cómo estaba su familia. A pesar de que llevaba semanaas en coma, yo estaba seguro de que saldría adelante. Era imposible que un hombre de cuarenta años muriera por una pulmonía. Pero no. Sí que era posible. Su vida bohemia le había llevado a mantener unos hábitos no demasiado saludables, y sus defensas se encontraban bajas; ello hizo que la situación se agravara.
Creo que su óbito me hizo tomar conciencia de quién era en realidad mi primo. Quizá no lo conociera apenas y no me sintiera unido a él; quizá ni su muerte me afectara más que por saber que se trataba de alguien de mi familia. Pero el caso es que entonces, cuando descubrí quién era en realidad mi primo -o quién había sido-, me embargó una admiración no exenta de envidia sana. Mi primo, ese bohemio que había sabido vivir de las letras durante su corta existencia; ese poeta que había viajado, reído, bebido y amado rodeado por sus poemas y los poemas de otros; ese romántico empedernido que había huido de responsabilidades mundanas y que había buceado entre océanos de tinta, amparado por el favor de las musas, había gozado de la existencia que yo siempre había anhelado. El mundo idílico que yo siempre había codiciado con la pasión de un rendido enamorado, pero que indefectiblemente se me había negado, ése era el suyo. Él lo había conquistado.

Autor: Javier García Ninet,

un bohemio romántico.

Desde las tinieblas de mi soledad.

18/08/2021.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s