UNA PRESENCIA ESPECTRAL (I)

*Relato presentado al quinto Mundial de escritores por el grupo Nada nos detiene. Basado en mi compañero de piso. No sigo la séptima consigna:

No estaba acostumbrado a trasnochar; aquella vez, sin embargo, lo habían convencido. Pero a las 3:30, en el momento de poner fin a la fiesta, cuando todos decidían compartir un taxi, él, medio ebrio a causa de los excesos del alcohol, había conservado su prurito ahorrativo y había preferido recorrer a pie el trecho que lo separaba de casa, a pesar de la fuerte lluvia que caía y que lo iba calando.
Cuando llegó a su piso después de denodados esfuerzos por orientarse y no caer en el suelo encharcado, con el cuerpo aterido, avanzó por el largo pasillo mientras se apoyaba en las paredes para no perder el equilibrio; primero fue a su habitación y se despojó de toda la ropa empapada; y entonces, en calzoncillos, se dirigió a la cocina para servirse un poco de tinto que le ayudara a caldearse y le diera el remate para sumergirse en un sueño profundo. Con la botella inclinada sobre el vaso en un ángulo de sesenta grados, mientras el vino caía, oyó la voz de uno de los compañeros:
-Hola. ¿Acabas de llegar?
Su voz sonaba como un susurro, medio apagada. Él, sorprendido por la presencia del otro, dejó la botella sobre la mesa, le puso el corcho y miró a su interlocutor. Éste tenía los párpados medio caídos, con la mirada ausente.
-Hola, Julián. Perdona. ¿Te he despertado -consiguió articular con dificultad. La lengua se le trababa, efecto del alcohol-?
-No, no; tranquilo. Es que no consigo pegar ojo. Llevo todo el día con mucha ansiedad; me he tomado varias pastillas y he podido dormir, pero me han dejado aplatanado; y ahora, además no tengo sueño. Me pondría alguna película para pasar la noche, pero no quiero despertar a Ezequiel.
-¿Y por qué no lees? A lo mejor te relaja?
-No, gracias; en estos momentos no tengo la cabeza para leer.
-Pues ya ves: yo esta noche salí y he vuelto empapado. Sé que estoy un poco borracho, pero el vino me ayudará a dormir. Si no tienes sueño, puedes venir conmigo al comedor y platicamos. Te invito.
-Gracias, pero no bebo.
-Eso mismo decía yo. Hasta que me convencieron de tomar el primer trago. Tú prueba; y, si te gusta, tomas más. Créeme: si tienes depresión, el vino no te la quitará; pero te aseguro que te joderá la salud menos de lo que te la joden todas esas pastillas que tomas. Agarra un vaso y cierra la puerta; así hablaremos con calma y no despertaremos al compañero.
El otro hizo lo que le decía y le siguió cabizbajo, sin levantar la mirada del suelo, como si contara las pequeñas motas de polvo que se acumulaban en tierra. Cerró la puerta y se sentó a la mesa, al tiempo que dejaba sobre ella el vaso que había tomado. El primero, sentándose enfrente, le sirvió y posó a su vez el suyo.
-Pruébalo y dime qué te parece.
-No está mal. Un poco fuerte para mí, pero bien; calentito.
-Por eso va tan bien en noches como ésta. El tinto está recomendado en dosis moderadas. No te digo que te bebas una botella; tampoco te recomiendo tomar ron ni otras bebidas alcohólicas más fuertes, que no sé exactamente lo que llevan. Lo que yo he hecho esta noche, por ejemplo, ha sido un exceso absurdo; pero no suelo cometer estas locuras. Un poco de tinto te puede relajar, te puede desinhibir y despertar tus deseos; puedes hacer cosas que te reprimes cuando estás consciente. La clave está en saber que el alcohol no es la solución a tus problemas; en ser consciente de que, aunque el tinto sea saludable, si te excedes puede ser dañino; te puede destrozar los riñones y te puede generar dependencia; una dependencia que, si me permites que te lo diga, tienes en esos momentos por todas las pastillas que tomas. Me he fijado; tienes todo un laboratorio en tu habitación. No nos conocemos lo suficiente e ignoro la causa de tu depresión y de tu ansiedad; hasta la fecha he sido lo suficientemente discreto como para no preguntarte. Pero lo que he observado es que tiendes a refugiarte en las pastillas con mucha facilidad, como si fueran el remedio a tus males; y lo peor es que, cuando llevas una temporada con una determinada dosis, ésta se convierte en insuficiente, y necesitas incrementarla. Como puedes ver, el problema no desaparece; lo único que haces es ponerle parches, drogarte con productos farmacéuticos tan dañinos como la cocaína, pero que gozan de un gran reconocimiento debido a todo el dinero que mueven y a toda la mafia que hay detrás. Cuando hay un gremio poderoso que comercializa un determinado producto, éste recibe el respaldo de los gobiernos y de grandes instituciones internacionales. Por ponerte un ejemplo: ¿por qué crees que cuesta tanto que se legalice el consumo de marihuana, a pesar de que está demostrado su efecto terapéutico para tratar determinados tipos de cáncer, mientras que el tabaco, que lleva cientos de sustancias tóxicas que generan una alta adicción y que provoca miles de muertes al año, es perfectamente legal? Pues porque el tabaco mueve millones en todo el mundo, empezando por Gringolandia; y les vale verga que mueran miles de personas debido a su truculento negocio. La marihuana, en cambio, se produce en grandes cantidades en países de América Latina, como Colombia, que podrían tener una gran fuente de ingresos; y a los gringos, en cambio, no les interesa que los países de su área de influencia despeguen; y ellos, por su parte, tienen industrias tabaqueras, pero no de marihuana, la planta de la felicidad. Todo este rollo te lo suelto para que te desprendas de esas asquerosas pastillas. Obviamente, no puedes hacerlo de golpe; y menos teniendo en cuenta que tomas en grandes cantidades. Pero tienes que empezar algún día; del mismo modo que tienes que empezar a salir de casa. No puedes pasarte el día encerrado entre cuatro paredes; eso es fatal para la salud. Cualquier médico te dirá que por lo menos tienes que caminar una o dos horas diarias a paso ligero. Y, si puedes, haz deporte; eso te ayudaría a mantener la mente ocupada, a generar serotonina y a oxigenarte; pronto sentirías tu cuerpo y tu mente más ligeros; y la depresión iría menguando sin que te percataras. Además: ¿tienes algo que perder con intentarlo? ¿Cuánto tiempo llevas con las pastillas? ¿Acaso has notado algún progreso?

Autor: Javier García Ninet,

un bohemio romántico.

Desde las tinieblas de mi soledad.

25/08/2021.

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