UNA PRESENCIA ESPECTRAL (II)

*Relato presentado a la última ronda del quinto Mundial de escritura por el grupo Nada nos detiene. No sigo la consigna:

-Sí; tienes razón -respondió el otro cabizbajo, con la mirada fija en la mesa. A escasos centímetros tenía el vaso de tinto prácticamente lleno; no había vuelto a beber desde el primer sorbo. Asentía a las palabras del compañero, mas parecía ausente; aunque estaba frente al otro, su mente se hallaba a kilómetros de distancia-.
-Julián, tío, no quiero que me des la razón así sin más como a los locos. Para empezar, levanta la cabeza y mírame a los ojos. La mesa es muy bonita; ya ves que la madera es buena, muy robusca; y el cristal que hay sobre ella, también muy duro e impecablemente limpio, aunque temo que lo obbservas con una precisión analítica propia de un detective que pretende hallar la menor mota de polvo que delate al autor de un crimen; una minúscula huella que nos proporcione el adn del asesino. Ya sé que lo que contemplas tan concienzudamente tiene una belleza exquisita; y que yo, por el contrario, no soy más que un tipo asqueroso que esta noche, además, está borracho. Pero podrías disimular un poco al menos, ¿no te parece?
-Perdona -dijo el otro, al tiempo que levantaba la mirada con una tímida sonrisa.
-Me alegra verte sonreír, aunque sea tan sólo un poco. Y ahora que me miras creo que he conseguido captar un poco más tu atención.
Como te iba diciendo, las pastillas no son la solución. Pero no basta con que mes des la razón; hace falta que hagas algo de tu parte; del mismo modo que hace falta que empieces a hacer deporte y te oxigenes. Te diría de otras técnicas de relajación, como pegar un polvo o masturbarte, pero creía que esas sugerencias podían resultar demasiado invasivas; ahora bien: dado que te veo así de apesadumbrado, creo que en tu caso se impone una terapia de choque. No te asustes. Piensa que de este modo todo se simplifica: o te curas, o te mueres. En cualquier caso, sea cual sea el resultado, tus problemas se acaban.
El otro volvió a sonreír.
-Sé lo difícil que es hacer estmomento dddddos cambios, pero tienes que mentalizarte para llevarlos a cabo; porque lo más importante es que esos cambios sólo puedes realizarlos tú; ni yo ni nadie puede vivir tu vida por ti. ¿No te ha gustado el tinto? Ni siquiera te has acabado el primer vaso. ¿Cómo es posible que yo, que he llegado borracho, me haya tomado dos vasos y tú apenas puedas con el primero?.
-Quizá otro día. Por el momento creo que es suficiente. Te dejo descansar; yo también intentaré dormir.
-Como quieras. Pero no olvides mi último consejo.
La botella se quedó en el centro de la mesa junto a los vasos, uno de ellos medio lleno. Afuera la tormenta seguía cayendo con fuerza; se oía el salvaje ulular del viento. Entró en su habitación, cerró la puerta, terminó de desnudarse y apagó la luz. Dormir desnudo le provocaba una sensación indescriptiblemente placentera; se sentía mucho más ligero, mucho más cómodo; sólo lamentaba no tener una mujer con la que compartir el lecho y poder gozar cada uno con el cuerpo del otro.
Pasaron pocos minutos antes de que el sueño se apoderara de él con sus fuertes garras. Perdió la conciencia, definitivamente vencido por los litros de alcohol que corrían por sus venas. Había hecho un esfuerzo ciclópeo por mantener aquella conversación con el otro; una conversación que más bien parecía un monólogo.
Hubo un momento en que giró la manivela de la puerta; ésta se abrió y Julián apareció al otro lado. Su silueta apenas podía distinguirse en medio de una oscuridad opaca, sólo cortada por unos pocos resortes de luz; en la mano izquierda blandía un objeto. El otro no se percató; estaba profundamente dormido. Julián lo observó durante unos segundos en aquella postura indefensa, relajada. Se debatía acerca de lo que iba a hacer. Le estaba muy agradecido a aquél que le había brindado unos minutos de su tiempo, a aquél que había tratado de ayudarle; pero sabía que no podría continuar viviendo; que su exisstencia estaba perdida para siempre. En cuanto al otro, sabía que la vida tampoco se le haría soportable; si se había mostrado tan cercano, tan empático, era porque en verdad sufría. Lo mejor que podía hacer era llevárselo con él.

Autor: Javier García Ninet,

un bohemio romántico.

Desde las tinieblas de mi soledad.

27/08/2021.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s