CARTA A SALVADOR ALLENDE

*Carta presentada al primer reto de septiembre del grupo Artes literarias: Prosa y Poesía, de Andrea Gastellum/Mar Aranda:

Hola, Salvador. ¡Cuánto tiempo ha pasado! Ya son cuarenta y ocho años desde que aquellos criminales devastaron Chile y lo hundieron en la más profunda de las miserias, llevándose las vidas de grandes personas, como Víctor Jara o usted mismo, sin ir más lejor. Que Pinochet fuera un asesino despiadado eso hoy día lo saben hasta los más ignorantes (bueno… algunos piensan que ese nombre responde a una nueva versión cinematográfica del clásico de Disney); lo que no se comenta tanto es que la operación urdida para acabar con usted fue cuidadosamente diseñada en el Pentágono; y que si no fuera por el tío San usted habría encumbrado a Chile a la modernidad. Pero claro: los gringos no estaban dispuestos a perder el control del salitre ni del covalto; y menos aún a que un país de su órbita de influencia se escapara de su control; ya habían tenido suficiente con Cuba. No importaba la cantidad de vidas que se llevaran por delante. Lo demostraron en Chile, en Argentina y en Uruguay, por mencionar tres casos.

Después del fatídico 11 de septiembre de 1973, Chile no ha vuelto a ser el mismo. Si hoy Pinochet se levantara de la tumba y viera al actual presidente, se sentiría orgulloso. Creo que fue discípulo de Francisco Franco, otro dictador sanguinario que se fue dejándolo todo atado y bien atado. Hoy día España dista mucho de ser una democracia, por más que en el papel figure como un régimen constitucional. En España, con una monarquía heredada de los golpistas, el poder judicial está en manos de éstos, que lo mantienen secuestrado desde hace ya más de tres años. Pretender calificar tal sistemaa de democrático es una actitud muy cínica para que el pueblo no proteste, sólo porque sobre el papel el régimen se reconoce como democrático y porque el país está inscrito en un grupo de organismos multinacionales mafiosos que perpetran sus crímenes de manera calculada por todo el Globo.

¿Sabe? En 2001, veintiocho años exactos después de que el gobierno criminal de Washington atentara contra su vida y contra la de millones de chilenos, hubo dos atentados atroces en Estados Unidos. Ironías del destino. El mismo país que provocaba semejantes barbaries de repente sufría en suss propias carnes la misma medicina. Obviamente, los gringos no iban a quedarse de brazos cruzados ante lo ocurrido; tomaron aquel acto como excusa para emprender una truculenta campaña de asesinaados masivos por Asia, empezando por Afganistán y continuando por Irak. Pero ahí no terminó todo, por supuesto. Lo acompañaron de una intensa propaganda, donde ellos se situaban a la vez como víctimas y como vengadores y justicieros, como en una mala película de Marwell. Y hablando de películas: ¿alguien puede ser tan ruin como para hacer una película sobre un atentado que causó miles de víctimas? Sí; los gringos. No les importó aprovecharse del dolor de las familias. En cambio, ninguna película que reflejara el dolor de los vietnamitas o de los chilenos; y, si las ha habido, se han silenciado. Las que reflejan el tema de Vietnam, por ejemplo, siempre ponen a los gringos como las pobres víctimas.

Hoy, cuarenta y ocho años después de que los gringos destruyeran Chile y asesinaran a miles de personas, con usted a la cabeza, se produce un acto doblemente vergonzoso: por unaa parte, el silencio ante lo que aconteció en su país; nadie parece acordarse de ello. En cambio, hay algo menos que un luto planetario por lo que ocurrió en Gringolandia; los yankis se encargan de hacer la propaganda pertinente. Y lo que es increíble es que, al menos en el país tercermundista donde vivo, los más mierda se bajen sistemáticamente los pantalones para reflejar en los informativos la situación de luto nacional de allá, como si ésta no fuera más que otra estrella de su bandera. Pero no es sólo una bajada de pantalones ante los gringos; no es sólo que les abran las piernas para que se la metan sin vaselina. Lo peor es que se vende a los simples ciudadanos de a pie que los gringos son unos pobres desgraciados y que sólo quieren lo mejor para la humanidad; y la chusma se lo traga todo.

Pero yo, Salvador, no le olvido.

Autor: Javier García Ninet,

un bohemio romántico.

Desde las tinieblas de mi soledad.

11/09/2021.

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