SÓLO LA PUNTITA (IX)

A partir de aquella noche todo cambió. Ya no hizo falta que las dos mujeres se turnaran en el derecho de pernada con su hombre; ambas gozaban del sumo placer con aquél que era su amor común y disfrutaban asimismo la una de la otra. Eva y Adán, por otra parte, asistieron expecctantes a las novedades en que los introdujo Lilith, una consumada experta en el ars amatoria que sabía hacerlos vibrar y sorprenderlos a diario con sus amplias dotes, adquiridas tras una larga y concienzuda instrucción en los sabios conocimientos del Kamasutra. Sacudidos por un sinfín de sensaciones, los tres acababan bañados en sudor, saciados, extenuados.

Aquellas sesiones de sexo salvaje y desenfrenado, no obstante, tuvieron como resultados un nuevo embarazo; mas esta vez eran ambas damas las que estaban preñadas; y, como consecuencia de ello, las dos sintieron un incremento aún mayor de sus ansias de sexo, algo que dejó a Adán extenuado. Por más que fuera un hombre bien dotado y hubiera dado sobradas pruebas de ello ante aquellas dos amazonas, llegó a un punto en que sus energías empezaron a fallar; no podía abastecer a aquellas dos insaciables. Extenuado, se negó a seguir participando de aquellas orgías.

-¡Vamos, Adán! ¡¿Qué te pasa ahora!? ¡Si lo pasamos muy bien -exclamó Eva-!

-¡No! ¡Yo no lo paso bien! ¡Al principio era divertido, pero ya no puedo más! Para vosotras es fácil; pensáis que yo tengo que hacerlo todo y que nunca voy a fallar. Es muy sencillo, desde luego; toda la presión recae sobre mí. Pero es que vosotras sois dos lobas insaciables, y yo no doy abasto.

-¡Vamos, Adán! ¡Somos tus diosas! ¡Y exigimos nuestras libaciones -dijo Lilith con coquetería, mientras con una mano le acariciaba el miembro erecto y Eva hacía lo mismo desde la otra parte-!

-¡No! ¡De eso nada! ¡Lo que vosotras hacéis es ordeñarme como si fuera una vaca! ¡Al principio era divertido, pero ya no! ¡¿No os dáis cuenta de que no puedo más!? ¡¿De que ya no me queda leche!?

Ellas no replicaron nada; se limitaron a frotar y succionar el miembro, alternándose, hasta que terminaron de exprimirlo. Entonces Adán, extenuado, calló tras un gemido de placer.

-Y decía que no podía más… Siempre lo mismo. Y ya ves: suficiente para las dos -dijo Eva, mientras se limpiaba las comisuras de los labios-. Pero bueno… Ahora creo que ya es la definitiva. Después de tantos polvazos y de ordeñársela cinco veces, creo que dormirá durante toda la noche. Éste no se levanta aunque haya un terremoto. Ya podemos irnos. Lo único que me preocupa es qué hacer con los niños; lo despertarán en cualquier momento.

-Mujer, eso tiene fácil solución -repuso Lilith, al tiempo que empezaba a liar un porro-.

-¡¿Qué haces!? ¡¿Es que te has vuelto loca!? ¡¿No querrás darles a fumar esa cosa a las criaturas -preguntó Eva mientras abría con pavor los ojos!?

-Mujer, no digas barbaridades -contestó con calma Lilith-. Por supuesto que no. Sólo se lo voy a acercar para que den una calada; eso es todo. Con una calada dormirán toda la noche.

-¡Lilith! ¡Que son mis hijos!

-No seas melodramática, que sólo es una calada. ¿Qué daño puede hacerles una calada? Ellos duermen toda la noche y nosotras cogemos hasta reventar; porque quieres coger, ¿verdad -preguntó Lilith mientras entrecerraba los ojos, con una expresión inquisitiva y desafiante a la vez, no exenta de una cierta lujuria, lanzada en la dosis adecuada para tentar a su amiga, acompañada por media sonrisa. Sus ojos resplandecían en medio de la oscuridad con el vigor del fuego. Miró a la otra a la par que con ambas manos se agarraba los senos, se los levantaba y los lamía lascivamente-?

Las palabras y los gestos de Lilith, cuidadosamente preparados, tuvieron su efecto. Eva se sintió cautivada por aquel tono tan sensual, seducida por la gama de posibilidades que se le ofrecía en aquellos dos lugares a donde quería llevarla su amiga. Lilith, la gran desconocida, le había hecho gozar del sexo como nunca habría disfrutado sola con Adán. Sabía que, si no hubiera sido por ella, no habría podido descubrir todas las posibilidades que ofrecían sus cuerpos; y sabía que, si no era mediante aquella treta que tramaba la otra, nunca viviría esa experiencia inolvidable. Entonces se acercó a Lilith y la besó largamente. Después agarró el porro y lo llevó a los labios de las criaturas.

Autor: Javier García Ninet,

un bohemio romántico.

Desde las tinieblas de mii soledad.

20/09/2021.

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