GÉNESIS (XXX)

-¡¿Y dónde está Caín -alcanzó a decir, entre sollozos-!?

-A salvo. Como es obvio, no puede venir aquí, al menos de momento. No sé si en un futuro sea posible, mas por el momento, por razones obvias, es mejor que sea así. Además: por más que quisiera, por ahora no podría traerlo. Cuando mató a Abel se le apareció el viejo, que le trató con su habitual insolencia; y Caín, que no sabe contenerse y que tiene un par de huevos como dos rocas, no sólo le contestó, sino que le abofeteó. Aquello encabronó mucho al viejo, que estuvo a punto de matarlo. Llegué justo a tiempo de salvarlo. Cuando me interpuse entre ambos para evitar la fatalidad, me sentía tan harto del pinche viejo, que fui yo quien le sacudió con fuerza; y, a continuación, Caín lo penetró. Tendríais que haber visto cómo gritaba el condenado.

-¡¿Todo eso hizo mi hijo -exclamó Eva con asombro. Abría los ojos con admiración, maravillada. En su rostro se dibujaba una sonrisa de orgullo materno; parecía haberse olvidado por completo del hijo muerto-!?

-Pero antes de que le sacudiera, el viejo le había dejado una marca pestileente en la frente; un estigma repelente para que nadie lo aceptara, en castigo por el asesinato de aquéel a quien consideraba su hijo predilecto. De hecho, el viejo acogió a Abel, que le profesaba culto.

-¡Pero será hijo de la chingada! ¡Ahora me siento mucho más orgullosa de Caín! ¡Si lo hubiera sabido, yo misma lo habría estrangulado con mis propias manos!

-Como ya digo, tienee un estigma en la frente. He tratado de quitárselo, pero no puedo; está fuertemente adherido a la piel, y apesta. Caín descansa ahora en una cueva, aislado del mundo; yo le llevaré cuanto pueda necesitar hasta que le quite esa mierda; porque es mierda del pinche viejo lo que tiene. Lo malo, la mala noticia que voy a daros ahora, es que sólo hay un medio para borrarle esa horrible y pestilente marca -hizo una pausa solemne, para estar seguro de que todos le escuchaban. A su alrededor todo era silencio; aguardaban expectantes sus palabras: necesita el flujo vaginal de Katiochka.

-¡Ja -exclamó Lilith-!

-¡¿Qué -estalló Lilith al instante-!? ¡Debe de ser una broma! ¡De ninguna manera pienso permitir que mi hija pase por eso!

-¡Pero Lilith! ¡La vida de mii hijo está en juego!

-¡Eva, cariño, ya sabes cuánto te aprecio; pero no estoy dispuesta a permitir que mi hija pase por eso sólo porque tu hijo sea tan agresivo!

-¡Pero Lilith! ¡Ya he perdido a un hijo! ¡En realidad, ya lo había perdido estando con vida! ¡No me hagas perder ahora a este otro, que vale mucho más que el primero!

-¡Lo siento mucho, Eva! ¡Por ahí no paso!

-Lilith, sé que esto te impresiona -intervino calmadamente Lucio-, pero creo que lo estás exagerando. Al fin y al cabo, no es más que un cunilingus. Y además: yo soy el padre. Después de cuanto te eesforzaste para que accediera a tener una hija contigo, ¿ahora no estás dispuesta a ceder ni siquiera un poco para salvar al primogénito de Eva?

-¡Me alegra que Caín abofeteara al viejo y que se la metiera hasta el fondo! ¡Pero todo eso lo hizo bajo su responsabilidad! ¡No es justo que mi hija deba sacrificarse por él!

-¡No será ningún sacrificio! ¡Lo haré encantada -saltó al instante la mentada Katiochka entre los presentes, que, atónitos, enmudecieron y la observaron-!

-¡Ja -exclamó con satisfacción Lucio-!

-Es gracioso que cuando éramos niñas los hermanos nos persiguieran a Anne Marie y a mí; y que ahora uno tenga que hacerme un cumilingus para salvarse. Pero la verdad es que lo haré encantada. Es más: tengo muuchas ganas de que me coma el conejo. Eso sí: espero que no acabe ahí la cosa. He visto el pedazo de zanahoria que tiene; y espero que me la meta como hizo con ese asqueroso.

-¡Ésa es mi hija! ¡Has conseguido que me sintiera muy orgulloso de ti, pequeña.

Lucio sonreía ante las palabras de Katiochka; Eva había recuperado la calma y la esperanza de que Caín se salvara. Lilith, desconcertada, miraba a su hija un tanto confusa, sin hacerse a la idea de que su niña se hubiera hecho ya toda una mujer. Cuando por fin reaccionó, se acercó a ella, la abrazó y le besó las mejillas.

Autor: Javier García Ninet,

un bohemio romántico.

Desde el fuego de mi perversidad.

14/11/2021.

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