UN IMPOSIBLE

¿Exceso de romanticismo en la niñez? ¿Acaso me dejé embaucar en mi remota infancia por esos dibujos tan idealistas con que nos bombardeaban desde el bosque sagrado? ¿Tuvo su influencia la literatura y la poesía que leí ya de más adulto? ¿O acaso es una mera debilidad, consecuencia de la lesión cerebral tras la operación correspondiente?

Ignoro cuál sea la causa, o si, incluso, pueda tratarse de una suma de todas ellas; pero el hecho es que tiendo a ser un idealista. Y, por más que en el día a día pueda compartir posturas racionales, como las de Hobbes o Nietzsche, por lo que a mí rrespecta albergo unaaa serie de principios de esa moral trasnochada. Por eso soy incapaz de hacerle daño a nadie; y por eso me duele tanto si causo dolor a una buena persona.

Bueno… Creo que me desvío. En realidad no suelo escribir de una manera demasiado lógica y ordenada; me cuesta mucho entrelazar ideas; y a meenudo me pierdo. Empiezo hablando sobre algo y termino en un punto radicalmente distinto de aquél por el cual quería llevar mis tintas.

El tema de ahora es que tiendo a soñar mucho, a anhelar imposibles. Pero, ¿por qué? ¿Por qué no tengo derecho a vivir?, ¿Por qué no puedo compartir mi vida con una mujer sensible y tierna?, ¿Por qué ella no puede hacerlo conmigo?, ¿Por qué se nos niega a ambos semejante privilegio?, ¿Por qué se nos sitúa en polos opuestos del planeta, ambos con una salud frágil? La situación es frustrante. Quizá lo más racional sería renunciar, como ya nos han dicho tantas personas -familiares, sobre todo-; pero insisto: ¿Por qué no podemos ser felices? Me hunde y me llena de zozobra estar en un punto muerto, sin poder gozar de lo mismo que la mayoría, del mismo modo que ella. ¿Renunciar a ella? Quizá eso lo haría alguien que no sintiera como yo, alguien que no la amara como yo. No puedo escuchar a esas voces que me piden que pase página y que no me arriesgue, pero al mismo tiempo me frenan y me impiden dar el salto; me obligan a habitar en tierra de nadie. ¿Pasar página? ¿Acaso puedo pensar en alguien que no sea ella? Muchos me dirán que soy un romántico, un soñador; y que ese modo de pensar esconde una pulsión antivital. Sea. Pero no puedo renunciar a ella; ella lo es todo para mí.

¿Por qué no podemos salir adelante? ¿Por qué se nos veta la dicha? Ya son muchos años con esta angustia, una angustia que me consta que también ella padece. Ambos hemos tenido hasta la fecha vidas paralelas en muchos aspectos; existencias aciagas, más exactamente. Es por ello que de alguna manera nos consideramos almas gemelas, por cursi que suene el término; sentimos que nos conocemos, porque hemos afrontado situaciones muy similares -y la mayoría muy desagradables-; y, después de todo, ¿Por qué se nos niega vivir? ¿Hemos de morir como unos miserables, sin haber podido gozar un poco de nuestra existencia? Pienso cada vez más a menudo en esto; hoy, sin ir más lejos, he tenido que contenerme para no romper a llorar delante de mi padre. Y es que parece una broma cruel que dos personas que no han hecho daño a nadie, que desde la niñez han sufrido los abusos de un destino asqueroso, no puedan trocar su suerte en ningún momento. Esto me desespera y me hace anhelar el óbito, Ella es lo mejor que me ha pasado; no puedo renunciar a lo nuestro, por más que me digan que es un imposible. Si lo es, prefiero morir con mi sueño, pasar el resto de mis días fiel a mi ángel.

Autor: Javier García Ninet,

un bohemio romántico.

Desde las tinieblas de mi soledad.

21/11/2021.

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