EL ESTIGMA

El hombre gritó de dolor cuando sintió el hierro candente abrasando su piel. Lo habían despojado de la camisa y amarrado con fuertes cuerdas a una mesa de operaciones; dos lo sujetaban por las muñecas y otras dos por los tobillos, mientras un militar le aplicaba el fuego en un brazo y otro observaba la operación con un sádico deleite; sonreía ante las expresiones de angustia del reo.

-No grites tanto. Al fin y al cabo, tú podías elegir; los de la generación anterior a la tuya, no. En ese sentido, tú eres mucho peor que ellos; desprecias la oportunidad quee se te da y tienes la osadía de rebelarte y de desafiarnos. Lo tienes bien empleado. Y todavía te pasa pocco. Deberías estar agradecido de que no te pase más.

El oficial sonreía con una mirada maliciosa mientras contemplaba al otro. El recluso tenía la frente bañada en sudor; las costillas se le marcaban por el hambre acumulada a raíz de los días de calabozo. Al menos pronto recuperaría la libertad y podría buscar algo que llevarse a la boca, siempre y cuando se cruzara con otros que hubieran sufrido su misma suerte; o, al menos, que no vieran el denigrante estigma con que lo habían marcado las autoridades para tenerlo localizado y segregado. Sabía que la medida no era nueva; que venía de miles de años atrás, cuando el propio Jahvé lo aplicó sobre la frente de Caín como castigo del asesinato de su predilecto y servicial Abel. Desde entonces los casos habían ido sucediéndose. Después de lo ocurrido con el régimen nazi y del duro revuelo que causó a nivel mundial cuando se conoció tras la derrota de Hitler, la condena que se impuso sobre dicha clase de prácticas hizo creer que terminarían para siempre en el olvido. Nadie se podía ni imaginar que ochenta años después del fin de aquellas atrocidades volverían a repetirse casos semejantes, siempre oportunamente defendidos, maquillados con las mejores excusas. Todo se hacía por el bien común.

Magullado y sin atreverse a realizar ningún movimiento, observó con los ojos entrecerrados cómo el soldado que le había aplicado el hierro lo desataba. Después, ya libre, permaneció tendido unos segundos, a la espera de recibir alguna orden, temeroso de represalias si intentaba levantarse.

-¡¿A qué esperas!? ¡¿Es que quieres que te marquemos el otro brazo también para que estén igualados!? ¡Levántate y lárgate!

El oficial había dejado de sonreír. Ahora su desprecio se marcaba con fuerza; un desprecio acompañado por el odio que reflejaban sus ojos hacia todo renegado, hacia todo insurrecto que osara poner en tela de juicio los mandatos del Partido. El otro se incorporó tan deprisa como se lo permitieron sus menguadas fuerzas y salió de la sala, temeroso de que la cólera del general lo condujera a desahogar su rabia contra él con mayor agresividad.

Ya en la calle, se dirigió a una panadería cercana; pero los dueños se negaron a atenderle. No necesitaban verle el brazo; ya sabían quién era. Estaban demasiado cerca de la comisaría; desde ahí controlaban quién ingresaba y quién salía; y sabían que el delito que cargaba aquel hombre sobre su conciencia era un delito de desobediencia al régimen. No habrían podido atenderle ni aunque hubieran querido; era demasiado arriesgado; se exponían a acres sanciones por ayudar a miembros subversivos y a ser marcados con la fatídica estrella de David. Entonces serían ellos quienes correrían esa misma suerte.

El hombre salió cabizbajo de la panadería y se alejó sin echar la mirada atrás y sin murmurar palabra. Su figura fue haciéndose más y más pequeña, hasta convertirse en un punto casi imperceptible y perderse en el horizonte. Su pasos, lentos y silenciosos, quedaban borrados por el viento, que soplaba con una rabia parangonable a la del oficial que con sus lacerantes palabras le había amonestado; su fiero ulular le golpeaba en la cara y en todo el cuerpo como poco antes lo hiciera el hierro; el polvo se precipitaba contra sus ropas y las embadurnaba de un color mortecino. Y él se alejaba sin un destino, sin saber siquiera si le aguardaba un mañana.

Autor: Javier García Ninet,

un bohemio romántico.

Desde las tinieblas de mi soledad.

22/12/2021.

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