A MIS QUERIDOS IDIOTAS

Desde hace casi dos décadas no felicito la navidad ni el año nuevo, salvo en muy contadas ocasiones; en ésas lo hago como respuesta a un ser querido para quien sé que tiene un valor muy especial, aunque yo no lo comparta. Por lo demás, si alguien me felicita por estas fechas, suelo elegir entre ignorarlo o darle una respuesta cortante. Puede que en ambos casos mi conducta sea borde, y hasta ofensiva; pero es que a mí me ofende el comportamiento borreguil de esa masa que se obceca en seguir los patrones establecidos por instancias superiores sin cuestionárselos siquiera. Me enferma la gente que se pone a comprar de manera compulsiva sólo porque los más mierda lo propugnan; unas compras que, por otra parte, siempre se focalizan en el mismo producto. No es ya cuestión de ropa, cuestión de rebajas; es más que eso. Sólo hay que echar un vistazo a la época del cautiverio, en 2020: en todos los centros comerciales cundió el pánico a una crisis de desabastecimiento. Y la gente estaba tan cagada que acudió a aprovisionarse de papel higiénico a mansalva. Cada vez que iba al supermercado y hallaba las estanterías vacías se producía en mi interior una mezcla de regocijo por la estupidez de la chusma y de desesperación por ver que no había remedio.

Esa actitud tan borreguil es la que lleva a la gente a embriagarse de manera descontrolada en determinadas fechas, como las actuales, y a tener esos arrebatos puntuales de filantropía, tan fugaces como un orgasmo. ¿A qué viene felicitar que el planeta Tierra haya dado una vuelta más alredeedor del Sol y que podamos vivvir para contarlo? ¿Es un motivo de alegría pensar que se ha dado esa circunstancia, que estemos todavía con vida, aunque sea en un estado decrépito? ¿Hemos de celebrar que nos quede menos tiempo para morirnos? Aunque claro: es posible que sea esto lo que se busque, más o menos inconscientemente. De otro modo, ¿cómo se explican las fiestas de estos días, en plena pandemia, cuando los contagios van al alza debido a la nueva variante omicrón y a la inconciencia de muchas personas? El gobierno tampoco ees claro en este aspecto; no se han prohibido las reuniones ni se ha tomado medida alguna para atajar el problema. Uno podría llegar a pensar que a ciertos intereses no les conviene que desaparezca la crisis que estamos viviendo. Al fin y al cabo, ya es tradición que en las crisis paguen los de abajo; siempre hay un grupo, aunque parezca increíble, que sale reforzado.

Sin embargo, todo lo dicho en las líneas precedentes no tiene importancia. Lo que es relevante es festejar el comienzo de un nuevo ciclo solar y dar muestras a nuestros seres queridos de lo buenas personas que somos; tanto, que nos acordamos de ellos y les enviamos una felicitación una vez al año, aunque no nos acordemos de ellos durante los otros 364 días (365 en el caso de los años bisiestos). Y hay que salir a comprar y a consumir en masa para codearnos con los demás miembros del rebaño, y así poder presumir de lo que hemos comido y cenado, de lo que nos hemos gastado, incluso. Y no importa que luego haya que apretarse el cinturón, en sentido figurado y desfigurado, con toda la crudeza y recrudeza del término; que haya que recortar gastos o comerse al gato; que suba el azúcar y los análisis anales nos den un severo disgusto. Ya habrá tiempo de reponerse, de hacer dieta, de ir al médico. En cuanto al virus… Eso es un cuento chino. Bueno… Eso es lo que se dice… Hasta que a uno no le salen las cuentas. No; uno es demasiado fuerte para que le toque. También sería mala suerte. Veinte años jugando a la lotería y ni un mísero millón; un día que se reúne y no sólo le toca, sino que lo arrastra y lo succiona por los cabellos, por las piernas, por los genitales.

Pero en fin… De algo hay que morir, como suele decirse. Estos pobres idiotas siempre harán lo mismo, porque son chusma sin cabeza, siempre arrastrada por las modas, como por el papel higiénico. La lástima no es que se maten, sino que siempre vendrán otros para ocupar su puesto. Como dijo Einstein, sólo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez de la gente. Y de lo primero no estoy seguro.

Autor: Javier García Ninet,

un bohemio romántico.

Desde las tinieblas de mi soledad.

01/01/2022.

2 comentarios en “A MIS QUERIDOS IDIOTAS

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