UN CASO INSÓLITO (III)

-¿Qué pasó? ¿Se demoraron más de la cuenta? ¿La mujer les dio problemas?

-Hay algo que no cuadra, señor; la mujer miente.

-¿Qué les hizo llegar a esa conclusión?

-Ella misma. Sus palabras se contradecían; ya no vivía en la calle X. Tuvimos que investigar; nos desplazamos hasta la zona y preguntamos a los vecinos. Nadie la conoce; y el supuesto esposo no existe.

-¡Qué raro! ¿Una mujer con tales encantos, dotada por la Naturaleza de unos atributos tan descomunales, no está casada? ¿No tiene familia? ¡Eso es inaudito! ¡¿Qué hombre podría resistirse a semejante amazona!?

-¿Usted?

-Veo que la ironía no figura entre sus virtudes. Por tanto, si le digo que es usted un médico ejemplar, que en los próximos años podría constituir un futuro para la humanidad, ¿usted lo tomaría al pie de la letra?

-No, señor. Con mi comentario sólo quise hacer constar que alguien como usted, que para recibir calor humano se ve forzado a recurrir a prostitutas, bien haría en aceptar a ésta, que le abre las piernas tan generosamente; aunque, por otra parte, no es prostituta.

-¡Qué hija de la chingada! ¡¿Y como carajos quiere que me acueste con ella si no es prostituta!?

-Debería alegrarse, señor; tendría sexo gratis.

-¿No lo comprenden? En el momento de realizar el pago por un servicio, la persona que paga, el cliente, está haciendo una demostración de poder. Piensen en los mecenas del Renacimiento; gente acaudalada que no dudaba en subvencionar artistas, porque a través de ellos obtenían prestigio. ¡¿Qué mérito tiene que esa mujer me haga una mamada si no le pago!? ¡¿Podría hacérmela la vecina!? Ella pierde valor como comerciante y yo como consumidor; nos denigramos ambos.

-Entonces, me temo que tendrás que seguir pagando.

-No has de temer nada, puesto que es elección propia. Dejar de pagar sólo estaría bien si me propusiera el reto de obtener sexo a través de otros medios menos lícitos, como estafando; en ese caso sería yo quien buscaría realizarse de una manera más arriesgada. Ahora bien: lo inquietante en este caso es que la mujer mintiera. Tiene su lógica, porque una mujer así no la veo vendiendo su cuerpo. O, mejor dicho: creo que no hay hombre, por desesperado o borracho que esté, dispuesto a acostarse con ese esperpento. Y eso nos lleva a comprender su conducta cuando trató de masturbarse con una botella de tinto sin descorchar. Es decir: trataba de saciar su libido con una sustancia embriagante, reflejo de lujuria. El vino aparece en muchas culturas asociado no sólo al coito, sino también al mundo de los sueños y de las ilusiones; y es ahí donde radica la vida que ella busca, ya que el mundo terrenal le niega la dicha. Ahora bien: ¿por qué la botella sin descorchar? Aquí el vino adquiere un nuevo significado: aquí sustituye al semen, del mismo modo que la botella está ejerciendo la función fálica; y lo que esta mujer pretendía hacer era masturbarse y luego embriagarse con el tinto. Es decir: pegar un polvo, ordeñarla y tragárselo todo.

Ahora bien: según afirman ustedes, la mujer mintió. Pero, ¿por qué mienten las personas? Las mentiras pueden ser conscientes o inconscientes. En el primer caso se oculta la verdad a los demás de manera deliberada y se la sustituye por una falsedad para obtener algo que de otro modo no se conseguiría. Cuando las mentiras son inconscientes, sin embargo, el sujeto que las esgrime lo hace sin intención de engañar, puesto que él mismo está engañado y confunde verdad con mentira; es decir: sufre un trastorno neuronal.

En el caso que nos ocupa, ¿la paciente tendría alguna razón que la indujera a mentir? ¿Ganaba ella algo con decir que era prostituta, por ejemplo? Eso es algo más bien denigrante; a menos que la verdad fuera aún peor. Desde luego, una de las pocas cosas que están claras en todo este asunto es que esa pobre mujer es una amargada y una ninfómana, que para apagar su sed recurre a los métodos menos ortodoxos; y que está muy bien dotada, como ya han podido comprobar, aunque esté loca. De modo que, salvo que busque llamar la atención, algo que sería objeto de un análisis psicológico más profundo, habría que pensar en un trastorno neuronal. Busquen a los posibles sospechosos.

Autor: Javier García Ninet,

un bohemio romántico.

Desde las tinieblas de mi soledad.

19/01/2022.

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