SOL PONIENTE

El cielo está pálido. Suaves rayos se filtran por las delgadas paredes del firmamento y alcanzan a teñir de tenues colores cuanto hallan a su paso. Él, sentado en el banco que acostumbra, lee impasible un libro. Es cierto que debe hacer ciertos esfuerzos; que los párpados le pesan, consecuencia de otra noche pesada, azotado por la enfermedad. Siente que los días se le antojan cada vez más duros; que debe hacer grandes esfuerzos por cada paso que da. Ahora viste una cazadora que lo protege de un frío que años atrás no notaban sus huesos. Por aquel entonces, aún joven, contaba con energía sobrada; su cuerpo estaba tan lleno como su alma. Por entonces, con esperanzas, con ilusiones, sentía que lo tenía todo; que, por más que se demorara, habría un día en que ese sol brillara con todo su fulgor y lo abrasara.

Atrás oyerisas. Son risas femeninas, joviales, no desprovistas de una cierta sensualidad. En otra ocasión se habría girado para escudriñar su procedencia, para deleitarse con la imagen de la hermosa doncella de donde procedía esa dulce melodía. Porque la risa de una mujer a sus oídos siempre era dulce; para él había una identificación plena entre ese canto divino y un juego de seducción. Sin ver a la mujer ya se la imaginaba; la identificaba por el timbre, de la misma manera que un músico identifica unasinfonía sólo escucharla; sabe cuál es y a qué compositor pertenece.

Pero no. Esta vez no se giró. No pensó siquiera en ponerle rostro a la ninfa que había reído. Ya no. Había otros asuntos que le preocupaban más. Ese silbido en el pecho le tenía inquieto desde hacía semanas. Los médicos eran prudentes; siempre procuraban ocultar las malas noticias; o, cuanto menos, maquillarlas. Baños de sol: eran un remedio infalible; en cuestión de unos meses estaría plenamente recuperado. Albergaba serias dudas al respecto. Aquello no era tan infalible como le querían hacer creer; otros muchos lo habían probado y habían acabado cediendo hante una enfermedad implacable. Lo más seguro era que terminara compartiendo el destino de esos infelices; que también sus pulmones colapsaran y que su vida se apagara antes de lo que esperaba. Le dolía que así fuera; aunque, ¿en verdad le dolía? Ni siquiera seguro de eso estaba. La vida le había producido muchos desengaños, por no hablar de frustraciones. A decir verdad, el resentimiento que albergaba contra la vida le hacía afrontar su fin con indiferencia.

Dos gatos se cruzaron delante de él. Por más que tuviera la vista fija en el libro, la imagen de los felinos se incrustó por un ángulo. Entonces alzó un poco la cabeza y los observó con envidia. Los vio libres, entregados a la naturaleza, felices en su mundo. Los sabía inteligentes; lo adivinaba en esa mirada atenta, desconfiada, altiva; en ese desdén hacia todo aquél que se les acercara; esos andares tan discretos y sigilosos, en ocasiones tan sensuales. Los observaba y se sentía observado por ellos; y hasta ellos le profesaban desprecio. Aquello le provocaba una mezcla de admiración y de pesar. Ahí estaban los gatos, devolviéndole la mirada, prontos a escapar, a eludir el combate sabiamente al menor ademán que hiciera por aproximarse a ellos.

Bajó la cabeza y volvió a posar mansamente la vista en la página del libro. El sol había recobrado cierto vigor y le daba en la mejilla izquierda; agradeció su calor. Aquello le produjo un cierto alivio del tono afiebrado que afectaba, mas los párpados permanecían caídos. Le costaba leer, aunque tampoco sabía si ello importaba; seguramente no, se dijo. ¿Qué podía importarle ahora, cuando le restaba tan poco tiempo? Cuando el fin es inminente, todo carece ya de sentido, si es que alguna vez lo ha tenido.

Volvió a oír risas femeniles a su espalda. ¡Cuántos años! Imaginaba la lozanía de aquellas muchachas; una lozanía que él nunca había tenido, ni aún en sus años de juventud. Siempre una naturaleza débil, su cuerpo había dado desde los primeros años síntomas de ser una máquina deficiente.

Su pecho seguía silbando; el sol volvía a menguar; pasó la página.

Autor: Javier de García y de Ninet,

un bohemio romántico.

Desde las tinieblas de mi soledad.

16/02/2022.

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