HUMANO, DEMASIADO HUMANO

Pido disculpas por haber plagiado el título de una de las grandes obras de Nietzsche. Esta publicación, lejos de centrarse en una cuestión filosófica y de tener algo que ver con el gran genio alemán, va más orientada a la visión del mundo que tenían los griegos. Entre éstos era común considerar que el ser humano, a diferencia de los dioses, tenía una vida llena de sufrimiento, sólo compensada por fugaces momentos de dicha; mientras que en el caso de los Olímpicos la situación era diametralmente opuesta: gozaban de una existencia relajada, con algunos instantes de pesadumbre. Es eso lo que me hace compartir dicha visión; pues siento que el mío es un caso paradigmático.

¿Por qué se me ha negado la felicidad? Hace años me lo preguntaba a menudo. Desde niño tuve esperanza en que algún día cambiaría mi suerte; creía que, aunque los primeros años estuvieran perdidos, algún día podría hacer tabla rasa y empezar desde cero. Tardé mucho en percatarme de que todas mis ilusiones eran infundadas; y el golpe fue durísimo. Descubrir que uno se ve forzado a tener una existencia oscura, a vagar por la vida como entre tinieblas; y que eso se produzca, además, sin haber hecho nada para merecerlo, desde que no era más que una tierna criatura, es algo muy frustrante. Aquí todas las ideas religiosas caen por su propio peso. ¿Acaso podría tener sentido un dios que permite algo semejante o, peor aún, que lo incentiva, porque así lo desea? No fue el motivo principal que me condujo al ateísmo; de hecho, eso lo pensé años más tarde. Pero es una idea que, desde luego, tiene su fuerza.

Hace muchos años que perdí la capacidad de reír; era aún adolescente cuando las carcajadas quedaron irremisiblemente sustituidas por el llanto. Poco a poco se fue creando esa imagen tan mía de párpados caídos y mirada triste; fui tornándome más meditabundo y solitatio. Una nostalgia que había nacido en la infancia, cuando sentado a las faldas de la mesa camilla de mi casa, en vez de estar en la calle, jugando y disfrutando como los demás niños, se apoderó de mí. Me dediqué por entero a los estudios, a cumplir lo que era mi obligación de hijo, en un intento por cumplir las expectativas de mi padre, que siempre había hecho -y sigue haciendo- por mí. El caso es que, por más tiempo que pasa, no me quito la idea de que le he fallado; es más: lejos de alejarse, esa idea se reafirma cada día más; tengo la firme impresión de que cada día le fallo; de que no soy más que un fracasado. ¿Cómo podría ser de otra manera, si yo mismo así me considero?

Acabados los estudios, la escasa motivación que tenía desapareció. Hoy me cuesta levantarme de la cama; no hay nada que realmente me entusiasme. Al principio estaba lleno de curiosidad; me entusiasmaba leer y escribir. Hoy, en cambio, siento que todo es nihilismo, que nada tiene sentido. Cada vez más enclaustrado en casa, más ensimismado en mis pensamientos, ahogado por la nostalgia, por la rabia por tantos fracasos, cada día aanhelo más la muerte y desprecio más la vida. Tengo la suerte de haber conocido una mujer maravillosa, pero que se encuentra lejos; y, ya con el alma podrida, temo hacerla desdichada.

Sé lo absurdo que es escribir aquí esta clase de cosas; que, si es así como me encuentro, debería guardármelo. No importa. Nada importa. Al menos me sirve para desahogarme.

Autor: Javier de García y de Ninet,

un bohemio romántico.

Desde las tinieblas de mi soledad.

01/05/2022.

3 comentarios en “HUMANO, DEMASIADO HUMANO

  1. Llevo un rato impresionada con tu escrito y buscando las palabras adecuadas para contestar a tu escrito. Pero tengo tanto que decir que no se como escribirlo.

    Por tanto, al menos hoy, me limito a lo más básico, y a transmitirte la alegría que me ha dado al ver de nuevo otro escrito tuyo. Un escrito tan impresionante como real y que se clava en el alma.

    Un abrazo, amigo…

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