UNA NUEVA ETAPA (CCCXI)

CUADERNO DE GABRIEL

LA GRAN BATALLA (XXX)

Era la gran duda que todos albergaban; la cuestión por la que Astracán entero se desangraría; la ambición que abriría la caja de Pandora y rompería la fingida armonía que reinaba en aquel instante entre los emisarios de la gran potencia. Apenas unos meses después de su regreso, tal vez semanas, quizá horas, se iniciarían las hostilidades y ardería el planeta entero; aquel hermoso mundo se vería envuelto en unas llamas que devorarían a millones de sus hombres antes de renacer de sus cenizas. Los emisarios lo sabían; los anfitriones, lo intuían. Y ahí, en aquel juego de estrategia, el joven legado escrutaba a su interlocutor y a la comitiva con malicia.

-Ésa es una cuestión a la cual no puedo dar una respuesta satisfactoria.

Como comprenderás, nuestra labor desde que regresamos no se ha reducido a meros festejos; ello habría sido impropio de una Nación de nuestra altura. Sin embargo, no es fácil saber quién tomará ahora las riendas; es una cuestión que no se puede dilucidar en un par de días. En juego está el futuro de todo el planeta; conviene que esté en las mejores manos posibles. Es por ello que estamos estudiando todas las candidaturas para no errar en la elección.

La respuesta satisfizo a sus compañeros. Había contestado cortésmente, sin perder los nervios ni delatar la grave crisis; mas el otro volvió a acometerlo con perfidia.

-Entiendo.

Mas, os ruego me disculpéis la impertinencia; pero, precisamente por la trascendencia del caso, también os conviene escoger a alguien pronto. De lo contrario, ¿cómo actuaríais si alguien os atacara?

Ésa era la verdadera cuestión; el peligro que acechaba.

-Descuidad.

Astracán es una de las potencias que trabajó por la paz intergaláctica. Otra cuestión es cómo surgió aquella remota guerra que enfrentó a nuestras Naciones, mas de cuyos orígenes ya no debemos hablar. Aquel conflicto no debió entablarse; fue el único que enturbió nuestra armonía. No hay motivo para que nadie nos ataque.

-Aún así, permitidme que insista. Puede que Astracán hiciera una gran labor por conseguir la paz intergaláctica; pero, ¿qué ocurriría si las otras potencias se enteraran de que Astracán se ha quedado sin su cabeza dirigente y, además, nadie ocupa su puesto? Os ruego me disculpéis, pero, ¿no creéis que podrían tratar de aprovechar la situación para romper la paz?

 

-Os agradezco sinceramente la preocupación. Sé que vuestro afecto y vuestra inquietud por nuestro bienestar son francos. Pero no hay motivo para la alarma. Nadie más que vosotros sabe de nuestra situación; y, claro, después de más de diez años de una guerra atroz y tras una paz recientemente firmada, para conseguir mantener el orden y restablecer el hermanamiento de nuestros pueblos, no querríais quebrantar nuestra concordia con un intento de invasión. Sé que sois leales y que, sobre todo, sois inteligentes; y sabéis que, si tal intentarais, caerían sobre vosotros todas nuestras naves.

Pero bueno… Basta ya. No me hagáis caso. No merece la pena ponernos en un escenario que todos sabemos que no se va a dar, ¿verdad?

Ahora era el anciano quien esbozaba una sonrisa maliciosa. Con aquella amenaza velada, sutil, trataba de asegurarse que ese foco no ardiera; que su sagaz enemigo no descifrase sus planes.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad.

27-02-2019.

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