UNA NUEVA ETAPA (CCLXXII)

-Laura, por favor -intentó aplacarme la irlandesa-.

-¡¿Qué pasa!? ¡¿No quiere que le comente a su compañera que lo que ustedes quieren hacer es una barbaridad!? ¡¿Que me niego a que me utilicen para hacer lo que ustedes no quieren hacer!? ¡¿Que son todos unos asesinos y unos miserables!?

-Ya basta, Laura. Necesito hablar contigo a solas. Acompáñame, por favor.

Fue tajante en sus palabras y en su tono. Yo, agotada y con los nervios destrozados, no me atreví a oponerme. Podría haber intentado mantener la discusión delante de todos; pero, tal como me sentía, si quería conseguir algo, tendría que ser a solas, tal como me pedía Meyer.

Me llevó a su habitación, situada al fondo del largo pasillo, cerca de la falsa puerta por donde habían pasado la bruja polaca y el otro grupo. Ahí vi un amplio dormitorio, como el que teníamos asignado los estudiantes, con la diferencia de que lo ocupaba una sola persona, con las comodidades que eran de esperar. Junto a una cama de matrimonio había una mesa de despacho de caoba, sobre la cual se amontonaban informes y libros en un cierto desorden. Había un plano de Kenya y un periódico local abierto por la sección internacional; y una radio antigua en una esquina. Meyer se sentó tras la mesa y me pidió que hiciera lo mismo.

-África pierde su neutralidad -dijo cuando me tuvo frente a frente-. Ya no queda lugar seguro en el planeta. Marruecos, Libia, Argelia… Toda la zonaadel Magreb ha formado un bloque afín a la gran coalición europea; y pretenden atacarnos. ¿Quieres que muramos todos? Laura, querida, ya no eres una niña; ya sabes que en la guerra no mueren sólo soldados. En tu mano está que nos salvemos.

-¿Por qué quiere hacerme esto? ¿Porque le he desafiado en público? ¿He dicho que me negaba a colaborar y ahora quiere que me trague mis palabras? ¿No sólo que colabore, sino que soporte el mayor peso?

Dije, al tiempo que hundía la cabeza entre las manos y clavaba los ojos en la mesa.

-¿Qué te ocurre? ¿Estás bien?

-Tengo migraña; y la presión que ejerce usted sobre mí es mucha. Si lo que quiere es mararme, no le costará demasiado.

-Laura, cariño, deja de ser tan melodramática. No tengo intención de hacerte nada malo; pero quiero que al menos me prometas que vas a considerar lo que te pido. Entiendo tu punto de vista; y me parece muy loable. De verdad. Pero hemos de ser prácticos. Es la vida de un hombre a cambio de la de millones de personas.

-Pero no deja de ser un asesinato. Y se condenaría al país y a toda el África subsahariana a regresar a la miseria.

-Ya. Es una cuestión delicada; pero hay que elegir. El mundo no es un lugar paradisíaco, como quisiéramos; a menudo hemos de tomar decisiones difíciles.

Había cambiado nuevamente de tono; ahora usaba uno mucho más conciliador. Convencida de que no me domaría con el autoritarismo, intentaba camelarme con buenas palabras. Entonces decidí seguirle el juego.

-Por favor, déjeme que lo piense con calma. Ahora mismo no estoy en condiciones de decir nada con seguridad.

-Tranquila. Por el momento me conformo con eso. Ahora retírate; es mejor que descanses.

La dejé confiada en su ardid. Eso me permitía al menos ganar un poco de tiempo.
Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

23-11-2018.

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