UNA NUEVA ETAPA (CCCLXVI)

-¡Amor, tienes que dejarlo!

-¡Ni hablar! ¡Eso es lo que ellos quieren; asustarme para que deje el caso! ¡Cuando me amenazan, es porque saben que el caso lo tienen perdido!

-¡¿Pero estás loco!? ¡Si sigues adelante, te matarán! ¡Nos matarán a todos!

-¡No; no lo harán! Denunciaremos las amenazas ante las autoridades. No se atreverán a tocarnos.

-¡¿Qué!? ¡¿De dónde te has sacado eso!? ¡¿Olvidas que aquí somos extranjeros!? ¡El Imperio no nos protegerá; dejará que nos eliminen como a ratas!

-No lo creo. Será su tierra, pero los alemanes tienen un sentido muy estricto de la justicia. Además, trabajamos para el bufete más importante del Imperio.

-¡¿Pero qué te pasa!?

Gabi, cariño, sé lo importante que es esto para ti; ¡Pero tus argumentos se basan en meras hipótesis! ¡¿Quién te dice que vayamos a conseguir la protección del Reich!? ¡¿Cómo puedes estar tan seguro de que no nos van a matar antes!? ¡Yo dejé el caso de Jean Claude! ¡Y no lo hice por mí, sino por todos nosotros! ¡A mí no me habría importado juzgarme la vida por una causa justa, como ya hice en Kenia! ¡Pero no lo hice; y abandoné a un amigo por ti y por Raquel!

-Amor, esto también es una causa justa. La diferencia es que yo no me enfrento al Imperio, sino a un Land; y, como te he dicho, ahí las autoridades nos apoyarían.

-¡Pero eso tú no lo sabes! ¡Y no sabes si llegarían a tiempo!

-Laura, cariño, perdóname por lo que voy a decirte; pero, lo que de verdad te molesta de todo esto es el posible riesgo que corremos, o el hecho de que no seas tú la que lo corra, como pasó en Kenia, y como podría haber pasado si hubieras asumido la defensa de Jean Claude?

-¡¿Qué!? ¡Lo que me faltaba por oír! ¡Raquel, tía, di algo! ¡¿Por qué estás tan callada!? ¡Nos pueden matar a las dos! ¡A las tres, incluso!

-No sé qué decir, Laura. No me gusta intervenir en una discusión de pareja; pero, si me preguntas, creo que Gabi sabe lo que hace. Sabes lo importante que es para él todo esto, y la sensatez con la que actúa. A lo largo de estas semanas has visto lo duro que ha trabajado. Creo que no ha llegado tan lejos para echarse atrás ahora. Por otra parte, en cuanto al reproche que te ha hecho, puede sonar duro, pero es la impresión que da.

-¡¿Qué!? ¡¿Entonces todos pensáis que estoy celosa de mi novio!? ¡¿Que no quiero que tenga éxito!?

¡Amor, admiro lo que haces, pero creo que estás tensando mucho la cuerda!

¡¿Que no quiero que tengas éxito!? ¡Menuda barbaridad! ¡Por supuesto que lo quiero! ¡Pero sin arriesgar tu vida ni la de los tuyos!

No entendía nada. Era increíble. Mi novio, aquella persona tan admirable, tan tierna, en aquellos días mostraba su lado más duro, más inamovible, más ambicioso. Aquella actitud me seducía, pero también me tensaba. Y Raquel, por su parte, en vez de secundarme en una situación tan peliaguda, se había puesto de su parte.

Los dejé con Hanna en el comedor y me marché a mi habitación hecha una fiera; di un portazo y me eché sobre la cama. Necesitaba estar sola. Estaba tan nerviosa, que habría sido capaz de abalanzarme sobre cualquiera que hubiera tratado de molestarme; y creo que eso lo notaron.

En mi cama pude pensar más tranquilamente y reflexionar sobre la acusación de Gabi; sobre la idea de que me molestara no ser el centro de atención. Raquel, pese al riesgo, no había dudado en ponerse de su parte; no le importaba jugarse la vida por él.

Autor: Javier García Sánchez,

Desde las tinieblas de mi soledad.

13/11/2019.

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