HISTORIA CIRCULAR (VI): LA PARTIDA

*Sexto relato del Mundial de escritores. Consigna, parcialmente seguida: alguien va a hacer algo cuando lo detiene un imprevisto y duda:

A la semana siguiente de darles el aviso, Manuel partió para Europa; quería hacer un año de estudios en París. No tenía ni idea de francés, pero no le importaba; sólo pensaba en Francia con la mirada romántica de un soñador; con la vista puesta en Hugo, en Verne, en Balzac, en Dumas y en tantos otros. En cuanto al idioma, lo aprendería con ayuda de una hermosa parisina, como ya había aprendido otras cosas con ayuda de la encantadora Diana. En cuanto a mí, era menos pasional que él. En cuanto pude me busqué este trabajo, como ya dije, por los motivos que anteriormente nombré. La noticia de su partida me impactó. Ojalá me hubiera podido despedir. Me duele pensar que el último recuerdo que me queda fue la cena de la noche anterior. Al día siguiente tenía que estar temprano en comisaría; solicitaría un permiso para ausentarme un par de horas con cualquier pretexto y lo obtendría.

Pero no fue así; no neceesité ningún pretexto. Al poco tiempo de llegar a comisaría me informaron de una llamada de mi mamá; mi papá había sufrido un infarto. Aún hoy me pregunto por qué acudí al hospital. Nada le debía a ese hombre que para nada se había preocupado de mí, del mismo modo que tampoco le debía nada a ella, para quien en todo caso fui una carga desde niño, alguien a quien guardaba un secreto rencor por el mero hecho de haber nacido, porque así la ataba a un hombre a quien en realidad nnunca había querido. Pero parece que uno es así; a menudo toma decisiones irracionales. Ir al hospital sólo porque hay un vínculo de sangre, por más que no hayaa ningún sentimiento, como si en el fondo me sintiera en deuda. O quizá fuera otra cosa; quizá quisiera verlo sólo para mostrarle mi desprecio; que viera adónde había llegado sin su ayuda ni la de mamá; cómo enesos momentos podía mantenerle la mirada serio, sin derramar una lágrima, mientras él yacía en la camilla intubado, aún debatiéndose entre la vida y la muerte.

Al día siguiente me reuní con los papás y con las hermanas de Manuel, como de costumbre, y me contaron lo emotiva que fue la despedida. Les transmití mis disculpas por no haber podido acudir debido a aquel imprevisto; un imprevisto cuyo saldo definitivo llegó aquella noche, cuando mamá interrumpió la cena con aquella gran familia para notificarme la muerte de papá. Me limité a decir que estaba ocupado; que no podía hacerse nada. Me invitó al velatorio y al entierro, pero no accedí. Habría sido el colmo del absurdo si me hubieran dado el pésame por algo que no sentía; y aún peor si me hubieran pedido que dijera unas palabras en elogio de un hombre al que apenas conocía. Transcurrió otra semana y tuvo lugar la manifestación por la subida del precio de los carburantes; y ahí estaba don José en primera fila. Yo estaba en el cuartel cuando oí los primeros disparos. Gritaron que un hombre había muerto y se me heló el corazón; sabía que lo habían matado. Aquella noche hice una visita a doña Silvia. Me sentía destrozado, pero debía sacar fuerzas paara animar a aquella pobre mujer que lloraba desconsoladamente sobre mi hombro. Le dije que ya no se podía hacer nadaa por su esposo, pero sí por el resto de la familia. Las actividades de don José los habían puesto en peligro; debían vender la casa y marcharse de Colombia.

Autor: Javier García Ninet,

un bohemio romántico.

Desde las tinieblas de mi soledad.

05/06/2021.

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