HISTORIA CIRCULAR (VIII): UNA REACCIÓN VISCERAL

*Octavo relato para el Mundial de escritores. Consigna: Debate caluroso entre dos personas donde interviene una tercera que no entiende nada.

Me hirvió la sangre cuando vi aquellas cenizas, aquellos restos. Era como si don José hubiera vuelto a morir, como si el malnacido que lo había acribillado volviera a hacerlo frente a mis narices y se regocijara con el hondo dolor que ello me ocasionaba. Y sabía que no estaba solo; que el cuerpo en bloque le apoyaba. Pero, ¿por qué hacían eso? ¿Qué pretendían demostrar? ¿Acaso no era yo un profesional tan bueno como ellos o mejor? ¿Cuál era mi crimen? ¿Simpatizar con esa familia? ¿Pensar por mí mismo y no apretar el gatillo indiscriminadamente cada vez que me lo ordenaran desde arriba? Debían ser muy puntillosos y urdir toda clases de trampas legales si de verdad querían ponerme en un aprieto; por eso, ante su impotencia, recurrían a buscarme las cosquillas con esa clase de actos. Pero yo no iba a tragar. Ignoro si contaban con mi reacción; eso es cosa de ellos. El caso era que no pensaba tolerar aquello. Mientras mi compañero pateaba una silla me acerqué a él por ddetrás, lo agarré de los hombros y lo puse frente a mí:
-¡Está bien, hijo de puta! ¡Si tenéis algo que decirme, me lo decís a la cara!
-Tranquilo, amigo. ¿Qué te pasa? Estás muy nervioso. Cálmate, que nadie te ha dicho nada -me respondió con voz pausada, con unaa sonrisa cínica. Su actitud tranquila contrastaba con mi cólera y contribuía a tensarme-.
-¡Deja de jugar conmigo y ten el valor de decirme las cosas a la cara! ¡Yo no os he hecho nada, y está claro que la habéis tomado conmigo! ¡¿Por qué no me dices la verdad!? ¡¿Por qué no me dices que te han mandado aquí para joderme!? ¡Vosotros sabíais lo mucho que quería a esa familia! ¡Lo mucho que quería a ese hombre! ¡Se suponía que teníamos que hacer un registro y tú te pones a quemar recuerdos que tienen un gran valor sentimental para mí! ¡¿Te pagan por ello!? ¡¿O simplemente es que eres un asqueroso hijo de puta sádico!? ¡¿Acaso crees que no sé que fuiste tú quien le soltó los tres balazos!?
La bilis me estaba devorando; no atendía a razones. Encararme con aquel tipo no podía depararme nada bueno. Mis gritos se oyeron desde fuera de la vivienda. Bernardo Clemente, un hombre ya anciano que caminaba encorvado, apoyando su escuálido cuerpo en un bastón, a quien don José había atendido en los últimos años, a pesar de su sordera oyó cómo increpaba a ese malnacido. Guiado por la curiosidad y el aburrimiento propios de su edad, el buen hombre entró en la casa.
-Buen día. ¿Qué sucede? ¿A qué vienen esos gritos -preguntó el anciano, que mirabaa con sus ojos cansados-?
-Don Bernardo, no se meta, por favor. Estoy hablando con este caballero. Le ruego que salga; lo que estamos abordando es confidencial. Dése cuenta que estamos de servicio -le dije, tratando de moderar el tono de voz y no ser brusco con él-.
-Tranquilo, no importa si se quiere quedar; no tenemos nada que ocultar. A menos que te moleste que sepa que eres un rojo y que simpatizabas con esos revolucionarios; que cenabas con ellos todas las noches y que conspirábais para derribar al gobierno.
-¡Eso es mentira! ¡Cenaba con ellos, pero no había conspiración de ningún tipo! ¡¿De dónde carajos te sacas esp!? ¡Don Bernardo, se lo ruego, márchese -le grité al pobre anciano, que, intimidado por mi furia, desapareció tras la puerta-!

Autor: Javier García Ninet,

un bohemio romántico.

Desde las tinieblas de mi soledad.

08/06/2021.

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