IDIOTAS DE TODOS LOS PAÍSES, ¡UNÍOS!

En el siglo XIX el francés era la lengua de culto; las clases adineradas se preocupaban por aprenderla; y las personas que la hablaban con fluidez lo hacían con orgullo. Al fin y al cabo, se trataba del idioma que se hablaba en Francia; y, más que en Francia, en París, la ciudad del romanticismo y del amor. Los nobles europeos se vanagloriaban de comunicarse entre sí con la lengua de Víctor Hugo; sólo recurrían a su propio idioma para ser inteligibles al pueblo llano, a la miserable chusma.

Pero llegó el siglo XX, con lo que ello supuso: dos guerras mundiales que hundieron a Francia como imperio e hicieron surgir la hegemonía de Estados Unidos. Paulatinamente, la lengua de culto dejaría de ser el francés para serlo el inglés, para despecho de los descendientes de Julio Verne. Pero ahora no serían sólo las clases elevadas las que se ocuparían y preocuparían por aprender el idioma de la pérfida Albión, sino que incluso esa miserable chusma que en el XIX era incapaz de aprender francés ahora se ocupaba y preocupaba por aprender inglés.

La diferencia fundamental entre ambos siglos viene marcada por la fuerza de los más mierda y por el auge y perfeccionamiento de los medios de transporte, todo lo cual desembocó en la Globalización. Ahora, a diferencia de lo que sucedía en el XIX, lo que sucedía en el exterior, las noticias internacionales, llegaban al pueblo llano con una rapidez pasmosa -otra cosa es la veracidad de la información que se le proporcionaba, pues siempre llega sesgada -cuando no manipulada-, según los intereses de la clase dominante-; los trabajadores ya no lo eran sólo de su país de origen, no permanecían atados a su terruño natal, sino que podían desplazarse. Ello conllevó la necesidad de aprender idiomas; y no sólo las clases acomodadas, como antes, sino las clases medias; y, por imitación, hasta las clases bajas. Ahora bien: el idioma de la primera gran superpotencia era el inglés; hacía falta conocerlo bien. Y la gente se aplicó a la tarea de estudiarlo y practicarlo.

Pero el tema del idioma va más allá de una mera necesidad laboral. Con el auge de los más mierda, en especial de la televisión, se nos bombardea a diario con el modo de vida gringo; y no sólo eso, sino que se nos van introduciendo palabras en el idioma a una velocidad de vértigo. Ahora los jóvenes, por imitación de lo que ven en esa caja mágica, auténtica fábrica incansable e infalible de idiotas, usan términos anglosajones que nunca antes había oído; y se sienten orgullosos de ello, hasta el punto que a uno lo miran con expresión burlesca si usa términos castellanos, sin siquiera entender lo que está diciendo. Es algo lamentable.

Detrás de todo esto está la habitual tendencia de imitar aquello que se supone que «está de moda». Si en el XIX la nobleza europea se afanaba por aprender el francés, hoy es el inglés el que impera. Mas ya no es que una clase determinada sea bilingüe; ya no es que conozca y hable su lengua materna y que después aprenda la lengua de culto; no. Ahorase la clase media aprende la lengua de culto -el inglés-; y, lo que es peor, también la clase baja, la chusma borreguil, siempre con el temor de quedarse atrás y sufrir el rechazo de la masa. De esa manera algunos llegan a aprender el inglés con extraordinaria fluidez; y el castellano, por otra parte, lo van impregnando poco a poco de términos anglosajones. Si la clase baja pudiera, para equipararse con los más pudientes hablaría inglés, para demostrar que no es menos que nadie; mas, si ello no es posible, va metiendo vocablos que ve en la televisión. Hoy día a uno lo miran con desconcierto si dice homosexual en vez de gay, por ejemplo; en las casas ya no hay armarios, sino clósets; y cuando alguien le tiene afecto a una persona no le llama hermano, sino bróder; y, por supuesto, el bicho que ha puesto en jaque a la humanidad no se llama coronavirus -término que, por otra parte, puede adolecer de ciertas connotaciones republicanas-, sino covid.

Todo esto es consecuencia de la tremenda fuerza que tienen los más mierda en general, y la televisión en particular, para transmitir pautas de comportamiento, porque la gente es sumisa, debido a su inseguridad y a su falta de autoestima, que la lleva a acatar las modas de forma completamente acrítica, hasta entusiasta. Resistirse a ello es de no saber adaptarse, de ser un intransigente, un intolerante. En fin… La estulticia al poder.

Autor: Javier García Ninet,

un bohemio romántico.

Desde las tinieblas de mi soledad.

10/01/2022.

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